Andrés y Hummel prevén un Obradoiro con gran proyección

Al base le gusta verse rodeado de tiradores, el pívot espera relanzarse


SANTIAGO / LA VOZ

La casualidad emparejó en el mismo trayecto Madrid-Santiago a dos de los jugadores que están llamados a ser piezas maestras en el engranaje del Obradoiro. Andrés Rodríguez va ya por su tercera campaña en Santiago mientras que Robbie Hummel se estrena en el baloncesto europeo. Uno suma muchas horas de vuelo en las competiciones profesionales mientras que el otro encara su debut en esas lides. Las suyas son perspectivas diferentes, desde atalayas distintas, pero ambos confluyen en una percepción compartida, la de que se ha formado un equipo con proyección.

Habrá que esperar a ver como fragua el nuevo proyecto de Moncho Fernández pero, de momento, a Andrés Rodríguez le seduce la idea de levantar la cabeza en la pista y ver que a su alrededor se multiplican los tiradores.

Entre ellos, el propio Robbie Hummel, que encara su aventura compostelana como «una oportunidad» de seguir creciendo como jugador y dar pasos hacia su gran desafío, hacerse un hueco en la NBA. Allí le cogieron la matrícula los Timberwolves de Minnesota y allí milita un primer espada, Kevin Love. Si se compara con él, no es difícil encontrar paralelismos. No obstante, el pívot de Indiana subraya que «Love es más interior». A él le gusta más buscar posiciones de tiro lejanas al aro, y es más de echar el balón al suelo. «Pero creo que también puedo hacer una buena labor en el rebote», apostilla.

Hummel, que en su etapa universitaria sufrió una grave lesión de rodilla, comenta que «toda la recuperación se hizo correctamente». De hecho, la pasada campaña ya jugó a un gran nivel. «Vengo al Obradoiro a dar lo mejor de mi mismo y tratar de llegar lo más lejos que pueda», recalcó.

Más descanso que nunca

Andrés Rodríguez tiene ya ganas de ponerse manos a la obra. A diferencia de otros años, este verano ha podido descansar. «Demasiado», según su propia apreciación. Puerto Rico no logró clasificarse en el Preolímpico y eso propició que tuviese unas vacaciones más largas. Ahora lo que toca es «tratar de coger el ritmo rápido».

Tanto el base como el pívot aterrizaron en Lavacolla a la una de la tarde. Y ya pudieron pasar el reconocimiento médico junto al resto de compañeros.

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