Londres 2012: La sonrisa de Roger Federer

La elegancia del suizo supone un ejemplo hasta en la derrota


Londres

Pocos jugadores han tenido tal costumbre de ganar como Roger Federer. Ningún otro tenista ejerció tal dominio, con siete títulos, en la hierba de Wimbledon. Pocos confesaron un deseo tan grande por hacerse con la medalla individual en los Juegos. Y después de sufrir un severo repaso en su jardín, en el día señalado, el suizo encaró todo el ceremomial olímpico con una sonrisa generosa. Su actitud elegante supone un nuevo ejemplo de su calado como deportista, cuando abundan los perdedores quejosos o malhumorados.

Sonaba el Heroes de David Bowie en la pista central de Wimbledon y Federer era el primero en pasar su mano por la espalda de Andy Murray para arropar al ganador. Los focos miraban al escocés tras un triunfo inapelable, y no le quería robar un ápice de protagonismo. Atendió a la prensa sin poner excusas, no salpicó los últimos juegos del partido con gestos que remitiesen a alguna molestia física ni rehuyó sus compromisos con los periodistas. En cuanto tuvo la medalla en sus manos, la besó orgulloso.

Su satisfacción por la plata, su entereza para encajar un repaso doloroso, engrandece los Juegos. Hasta el personal de Wimbledon sacó sus cámaras fotográficas para llevarse ese instante. «Andy jugó mucho mejor que yo, y estoy muy contento con la plata». Un grande, Roger Federer.

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