Llorente dio vida al sueño de San Mamés

El Athletic consigue el pase a la segunda final europea de su historia, 35 años después

colpisa

San Mamés vestido de gala. Rojo y blanco por los grandes mosaicos tanto en el fondo norte como en el sur. Era el día. Los leones esperan ansiosos en su jaula para salir a rugir al terreno de juego. Y no fallaron. Comandados por Fernando Llorente, presente en todos los goles, los jugadores de Marcelo Bielsa consiguieron la victoria y el pase a la segunda final europea de su historia, 35 años después.

Lo consiguió frente a un dignísimo rival, que no pudo ni con el Athletic ni con el empuje de San Mamés. La afición no dejó solo a su equipo ni un solo minuto. Los locales supieron imponer su fútbol característico, el de Lezama, para así conseguir un triunfo que pasará a los anales del club vasco.

El partido comenzó como se esperaba, un toma y daca entre dos equipos de peso que se jugaban un billete a la final de Bucarest.

El Athletic golpeó primero. Una entrada por banda de Muniain fue matada con el pecho dentro del área por Llorente, que cedió en bandeja de plata el esférico para que Susaeta pusiera el 1-0. Todo parecía de cara para los de Bielsa, que hasta ese momento no se había levantado de su asiento del banquillo. Sin embargo, el Sporting de Portugal no se arrugó y se lanzó al ataque a manos de Capel, Matías Fernández y Martins. Cuando más parecía que llegaría el segundo gol local, Wolfswinkel igualó el marcador al aprovechar el rechace de un saque de esquina. El ocaso del primer tiempo estaba a punto de llegar, cuando, sorprendentemente, llegó el segundo gol de los suyos. El Rey León se sacó de la chistera una genialidad que dejó solo a Ibai Gómez, que batió a Rui Patricio con un tiro cruzado. Volvía la igualada.

En la reanudación, los dos conjuntos salieron más conservadores, aunque conforme avanzaba el choque y San Mamés apretaba, el Athletic comenzó a asediar la puerta lisboeta. El partido avanzaba y la prórroga parecía un hecho.

Pero San Mamés sí creía. Ibai Gómez se internó en el área, dejó sentada a la zaga portuguesa y centró un balón que Llorente envió a las mallas.

No hubo más fútbol en la Catedral. El Sporting, que demostró ser un enemigo de bandera, no tuvo fuerzas para remontar. El estadio se convirtió en una fiesta. Los jugadores rojiblancos cayeron al suelo desgastados al escuchar el pitido del árbitro. Pocos serán los afortunados de poder conciliar el sueño en Bilbao. Con permiso del Atlético y del Barcelona, incluso puede haber doblete este año.

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