El gran clásico vuelve a Australia

Rafa Nadal y Federer pelean hoy por la final en su enfrentamiento número 27.


australia / dpa

«Me está matando!», dijo entre sollozos Roger Federer hace tres años en Melbourne. Muchos quisieron interpretar que el que lo «mataba» era Rafael Nadal, cuando el suizo, con su «It?s killing me!», se refería en realidad a la situación, a la emoción del momento. Hoy (a las 9.30 horas, en directo por Canal +1 y Eurosport; y en diferido a las 15.30 por Sportmanía), tres años después de aquella derrota ante el español, vuelve a Australia el superclásico del tenis mundial. Dentro de muchos años se podrá calibrar cuánto le debe el tenis del inicio del tercer milenio a Federer y Nadal, pero un duelo que sumará su vigésimo séptima edición, algo sin comparación en la historia de los choques de grandes campeones, sin dudas marca una época.

Nadal dice que ya sabe cómo será el partido: «Nos conocemos muy bien. Saldrá agresivo, como en el Masters de Londres, que le salió muy, muy bien. Tengo que jugar con una intensidad que allí no tuve». Pero aunque él sepa lo que le espera, ningún aficionado al tenis dejaría de ver la semifinal del Abierto de Australia. Valdrá la pena verlo, cree Federer, que ansiaba jugar un partido que podría ofrecerle cierto nivel de revancha tras la derrota en la final de Australia 2009, unos meses antes de que el suizo se proclamara campeón de Roland Garros y de Wimbledon. Así es el tenis, muchas cosas cambian muy rápido. Tanto, que ni Nadal ni Federer encabezan hoy el ránking, cuyo número uno está en manos del serbio Novak Djokovic.

Djokovic, pendiente

El serbio, que mañana se enfrentará al británico Andy Murray, no quiere perderse este choque de planetas. «Son dos de los cuatro, cinco jugadores más grandes que hayan jugado jamás a este deporte. Voy a tener una linda cena en casa y verlos jugar por televisión», anticipó.

Nadal aventaja a Federer 17-9 en los enfrentamientos personales, y 7-2 en partidos de Grand Slam. El suizo, sin embargo, ganó el último enfrentamiento, un 6-3 y 6-0 en el Masters de Londres en noviembre que tiene alerta a Nadal. El choque llega con un condimento añadido, el inesperado ataque verbal de Nadal a Federer el domingo previo al inicio del torneo. «Estoy en desacuerdo con él. Es muy fácil decir yo no digo nada, todo es positivo y quedo como un gentleman y que se quemen los demás», dijo Nadal sobre Federer tras escuchar que el suizo había comentado que criticar la situación del circuito es perjudicar al tenis. ¿Cambia esa frase algo para Federer? Dice que no: «Honestamente no. Eso duró un día y se disipó. Estoy feliz por ello, porque no merecía más atención que la que generó».

Federer prefiere recordar el altísimo nivel de aquella final del 2009, a la que Nadal llegaba agotado tras un durísimo partido en cinco sets con su compatriota Fernando Verdasco en semifinales. Esta vez el español batalló más de cuatro horas en cuartos para batir al checo Tomas Berdych, y hay una voz más que autorizada que cree que eso podría pasarle factura.

«Tiene algunos problemas con las rodillas», dijo el australiano Rod Laver, uno de los grandes de la historia, al analizar a Nadal. «Lo siento en las tripas, siento que Roger estará en la final», dijo.

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