El muro gallego de la Vuelta a España

Gonzalo Rabuñal analiza el final de etapa en el mirador de O Ézaro, con rampas del 28?%


redacción / La Voz

El asfalto serpentea pegado a la costa. Huele a la intensidad del Atlántico. De pronto, un pequeño puente sortea la desembocadura del río Xallas sobre el océano y el pelotón embalado gira a la derecha. Se adentra en una carretera secundaria. En las primeras posiciones la pelea es ya a vida o muerte. Desde hace kilómetros nadie guarda un disparo en la recámara. El corazón late al máximo de sus pulsaciones. Pocos segundos más de llano y ya se adivina la primera rampa. Un cambio de ritmo brutal. De entrada, un 14 % de desnivel. Por delante 1.800 metros para hacer temblar las piernas. Si tuviese un adoquinado igualaría a cualquiera de las paredes devastadoras de la Paris-Roubaix, pero en la cima del muro se divisa el horizonte junto al mar.

Este podría ser el relato del último tramo de la duodécima etapa de la próxima Vuelta a España. Está previsto que el jueves 30 de agosto los corredores de una de las tres grandes pruebas del calendario mundial de ciclismo cubran los 185 kilómetros entre Vilagarcía y el mirador de O Ézaro, en el municipio de Dumbría. La práctica totalidad del recorrido es plano, pero el final asusta. Algunas rampas alcanzan el 28% de desnivel. El ciclista profesional Gonzalo Rabuñal subió para La Voz esta cota y ofrece las claves para aventurar lo que puede ocurrir en la espectacular llegada.

La posibilidad de una escapada

«Los ciclistas se encontrarán con esta etapa en la segunda semana de competición», comenta Rabuñal, quien agrega: «Por lo que aún habrá fuerzas para buscar una escapada y lo lógico es que haya dos batallas, una entre los fugados y otra entre los hombres fuertes de la carrera». El excomponente del Xacobeo Galicia explica que «para los primeros no existe estrategia que valga», ante pendientes de estas magnitudes prevalece la fuerza de cada uno. Mientras que en el pelotón se vivirá una lucha encarnizada «desde 15 kilómetros antes del inicio de la subida» para posicionarse entre los primeros.

«Será muy importante -subraya- figurar entre los de delante cuando se efectúe el giro de noventa grados hacia la carretera secundaria, porque, al estrecharse la calzada, va a ser como un embudo». Además, los ciclistas ya estarán «nervioso». Saben que los contratiempos les obligarán a un esfuerzo extra para remontar y puede que su arrancada llegue tarde.

Después de salvar con acierto la primera dificultad, el pelotón entrará en la primera rampa. Un inicio violento en el que «quienes no se jueguen nada en la carrera» optarán por no sufrir. Entonces será la hora de los jefes de filas y de los hombres explosivos y ligeros, a quienes favorecen los cambios de ritmo y vuelan cuando se trata de derrotar a la gravedad. «Pienso que esta subida se adapta a la perfección a las cualidades del Purito Rodríguez», comenta el arteixán. Si el escalador catalán alcanza su mejor forma en la Vuelta, a buen seguro que tendrá marcado con letras mayúsculas el final en el mirador de O Ézaro. También se podría amoldar a la potencia de Alejandro Valverde. La incógnita que rodea al corredor murciano es saber con qué sensaciones regresará a la alta competición después de haber cumplido su sanción por dopaje.

El cemento rayado

Tras acabar la primera zona de la subida, de aproximadamente 450 metros, los corredores encontrarán la parte más complicada del recorrido. Una curva pronunciada a la izquierda y al término de la recta, el asfalto desaparece. En su lugar, cemento rayado para que los neumáticos de los coches no se deslicen por esta superficie. Hay dos curvas enlazadas, de derecha a izquierda, terribles. Este trecho «hace daño de verdad». Incluso con la bicicleta de montaña que utiliza Gonzalo Rabuñal, la pendiente exige al ciclista. Es el lugar propicio para abrir diferencias, para sacar de rueda a los rivales. «Es complicado que vaya a haber gente perdiendo mucho tiempo, pero sí que es un sitio donde se pueden arañar unos segundos importantes para la general».

A partir de ahí, la subida relaja su porcentaje hasta menos del 10 %. Pero, en los últimos metros, cuando las fuerzas de los deportistas ya penden de un hilo, recupera desnivel hasta el 13 %. Luego en meta, las vistas son como si se hubiese tocado el cielo al borde del mar.

«Será importante estar entre los de delante cuando se efectúe el giro de noventa grados»

«El ascenso se adapta a la perfección a las cualidades que tiene el escalador catalán Purito Rodríguez»

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