La aventura rusa de Domínguez

El expreparador físico del Celta y del Dépor ficho por el Spartak de Karpin.


redacción / la voz

«Es como una macroconcentración, porque en lugar de ser de un mes, para mí es de seis». Eduardo Domínguez se convirtió en el primer fichaje de invierno del Spartak de Moscú y ya trabaja a tiempo completo en su inminente aspiración: clasificarlo para la próxima edición de la Champions. El vigués, que se ocupó de la preparación física del Dépor las cuatro últimas temporadas y anteriormente había trabajado en el Celta, el Espanyol o la Real Sociedad, no pudo negarse a la última oferta de Karpin, director deportivo y entrenador del histórico equipo ruso. «Guardo una magnífica relación con él de nuestra etapa en Vigo y él en el 2008 ya me quiso traer [lleva en Moscú desde el pasado día 3], pero yo tenía contrato con el Dépor, empezábamos el segundo año y no iba a dejar tirado ni a Lotina ni al equipo. Pero esta vez sabía que estaba en el paro, me hizo una nueva propuesta y lo hablé con la familia y me decidí», explica.

Domínguez reconoce que a primera vista lo sedujo la propuesta económica -«desde el punto de vista económico, estos seis meses son un contrato que en España es difícil de poder cobrar, no podía decir que no», asegura-, aunque no se decantó hasta que conoció al detalle la labor que iba a desarrollar: «No solo vengo por dinero, sino porque puedo seguir mejorando como profesional. Así que en cuanto al trabajo estoy muy contento, porque tengo muchos medios para poder trabajar. Además, aunque mi tarea es la de preparador físico y coordinar la recuperación de los futbolistas, Karpin confía en mí y está abierto a cualquier propuesta que le haga para mejorar los entrenamientos del club».

Cuerpo técnico «español»

Así, se comprometió hasta el 30 de junio, pero no descarta quedarse más tiempo. «Preferí solo estos seis meses para probar, ver cómo me encontraba y cómo me adaptaba. Es un cambio muy radical, pero si me encuentro bien... quiero vivir el presente y allá por el mes de mayo ya veremos», afirma el último en llegar a un cuerpo técnico en el que hablan español, pues también figuran viejos conocidos de la Liga como Lediakhov (Sporting de Gijón), o Popov (Compostela).

La morriña, la distancia con la familia, se convierte en el principal hándicap del gallego en Moscú. «Lo que echas de menos es la familia, en A Coruña cogía el coche y me iba a Vigo, pero aquí sabes que no la vas a ver en tiempo. Pero soy valiente y no me da miedo trabajar . Esto es una experiencia buena y si continuo aquí, quizá se puedan trasladar. Ahora mismo estoy contento, a gusto y viviendo mi profesión a tope», indica. Ayer mismo Domínguez y el Spartak viajaron a Abu Dabi para comenzar la pretemporada y en febrero se desplazarán a Benidorm y a Marbella, desde donde confía en poder acercarse un par de días a Vigo.

El preparador físico, que ha tenido que renunciar a su plaza de profesor asociado en la Facultade de Ciencias da Educación e do Deporte de la Universidade de Vigo para afrontar su aventura rusa, abre así un paréntesis en su etapa con Lotina. «Para mí, quizá lo más duro fue decirle a Lotina que tenía esta propuesta, pero conociéndolo yo sabía que me iba a apoyar. No he tomado la decisión de acabar mi ciclo con Lotina o con Ribera, pero si estando aquí descubro cosas que me motivan y me ilusionan, ese paréntesis puede ser de una palabra o puede ser de un párrafo», afirma. La carrera del Spartak hacia la Champions se convierte ya en su obsesión.

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