El Obradoiro vence al Estudiantes en el Multiusos Fontes do Sar

El Obradoiro consigue una importante victoria en casa tras derrotar el Estudiantes.


Todas las victorias son importantes, pero la que cosechó el Obradoiro esta mañana contra el Estudiantes lo es de manera especial. Por tres motivos: la afición se merecía festejar una victoria en casa, el Murcia y el Valladolid perdieron, y porque durante dos semanas se podrá trabajar tranquilos sin pensar en la tabla clasificatoria. Además, con este triunfo, el conjunto de Moncho Fernández confirma su mejoría, que comenzó, curiosamente, con una derrota en casa ante el todopoderoso Barcelona.

Durante la primera mitad se mascó la tragedia en el Multiusos. Los compostelanos daban la imagen de un conjunto demasiado plano. Muy atascado en ataque. El Obradoiro no encontraba el aro. Entre otras cosas, echó de menos a Corbacho, su desatascador en momentos difíciles, que tuvo que ver el partido desde la grada debido a problemas físicos. Y Bulfoni, que tiene un rol similar dentro de la pista, corazón y alma de este equipo desde su llegada a Santiago, lo intentaba sin éxito. Su cara sobre la cancha reflejaba que el argentino no pasaba por su mejor momento. El Estudiantes, a pesar de comportarse como un conjunto muy distinto al que venció la semana pasada al Real Madrid en la capital, marchaba por delante en el marcador sin apuros. Llegó a abrir una brecha importante, superior a los diez puntos. Sin embargo, a pocos segundos del final del segundo parcial, el viento comenzó a cambiar. El Tuky anotó un triple que afianzó la reacción del equipo para marcharse al vestuario dejando pendiente en el parqué una remontada de 9 puntos. Y de paso, lavar la cara de un equipo que estaba siendo desastroso. Al menos en ataque, porque si de algo no peca este equipo es de falta de intensidad. Si acaso, en ocasiones, de exceso.

Y si el viento había comenzado a cambiar en los instantes finales de la primera mitad, el tercer cuarto fue el de la remontada. Una concentración excelente, buenas elecciones y confianza, mucha confianza, se convirtieron en los ingredientes claves para alcanzar la victoria. Y con esto, el equipo entró en comunión con la hinchada que se dio cita en Sar. Entonces, en esos instantes, es imparable; capaz de hacerle frente a todo un Barcelona con Navarro enchufado.

El Estudiantes quedó noqueado durante la pista. Pepu Hernández, uno de los padres fundadores de la religión del baloncesto en España, director de orquesta de la selección campeona del mundo en Japón, no encontraba explicación de lo que estaba sucediendo sobre la pista. En apenas dos minutos, su equipo acababa de tirar por la borda una buena renta trabajada en la primera mitad.

Milt Palacio comenzó a encontrarse cómodo, Oriol se fajó bajo los aros y Lasme por encima de ellos, Ebi Ere dejó destellos de la calidad que atesora, Washington volvió a enamorar e incluso Bulfoni anuló su cita con el psicólogo.

El cuarto final fue muy reñido. El Obradoiro y el Estudiantes llegaron igualados, pero, al contrario de lo que suele suceder en estas ocasiones, ya que normalmente se lleva el gato al agua el equipo con más cabeza, esta vez ganaron los que pusieron más corazón.

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