Cobo, un campeón diferente

Su plato favorito son los huevos fritos con chorizo.


A Juanjo Cobo le gusta comer. No es algo extraño. A mucha gente le encanta comer, solo que en la profesión que ha escogido, la de ciclista, el peso, y más con un físico como el suyo, -es un corredor muy ancho-, cuidarse es una de las partes más importantes de su trabajo.

Cobo estudió para cocinero y a los 16 años -comenzó a andar en bicicleta a los ocho-, pensó en dejarlo todo y dedicarse a los fogones, como aprendiz. Gracias a un preparador que tuvo en los primeros años, Juan Carlos Gómez, siguió corriendo como juvenil de segundo año.

Trabajó de pinche de cocina. Limpiaba los platos y preparaba las ensaladas. Los inviernos siempre han sido un problema para él.

El año que ganó la Vuelta al País Vasco cogió ocho kilos. Le gustan los huevos fritos con chorizo, el jamón.

Tampoco se centró del todo cuando siguió corriendo, una constante a lo largo de su vida, pero en este caso porque lo compaginó con el voleibol, un deporte que practicó en el Textil santanderina. Siempre ha dicho que de no ser ciclista, hubiera jugado al voleibol.

Cuando ganó la Vuelta al País Vasco, en 2007, ya decía que no hay una carrera que le llame poderosamente la atención. »El ciclismo es un trabajo», dijo. Si Matxin, su director, consiguió que no dejase el ciclismo, su madre es la persona que tiene siempre encima. Él mismo reconoce que es un poco vago, un desastre en casa.

Si no ha cambiado, no hacía ni la cama. Después de entrenar, comía, se ponía el pijama, las pantuflas y se tiraba en el sofá a ver la televisión, hasta que se quedaba dormido. Le gusta ver 'Sálvame'.

Como aficionado logró un palmarés muy bueno, ganando entre otras carreras las Vueltas al Bidasoa y Navarra, además del Campeonato de España contrarreloj individual. Esas credenciales no le permitieron recibir ofertas para pasar al mundo profesional, salvo la del director que había tenido en aficionados, Matxin.

Sacar el carnet de conducir le costó a Cobo siete años, de los 17 a los 24. No le gustan muchos los coches y tampoco conducir. Se aburría y dejaba de ir a clase. No es una persona de grandes sueños, más bien de vivir al día. Tampoco ha tenido ídolos. Sí deportistas que han podido ser una referencia, pero no ídolos. Le gusta ver todo tipo de deportes por televisión, aunque no es muy aficionado al fútbol.

Cerca del abandono

Los contratos con su manager, Antonio Sánchez Savater, -el mismo que tiene Alejandro Valverde-, los firmaba por fax. El último año y medio no ha sido muy bueno para él. Sufrió que se le agudizó cuando firmó por el equipo Caisse d' Epargne y no pudo obtener el rendimiento que él quería, lo que le hizo presionarse en exceso y no salir de una situación que se le complicó mucho a nivel personal.

Ni sus padres, ni sus hermanos, ni sus amigos sabían que había pensado en dejar el ciclismo. Apenas se entrenaba, solo iba a correr, no salía de casa, no hablaba con nadie. Siempre ha sido un corredor de bajones anímicos.

Cobo es un personaje y, como tal, las anécdotas jalonan su trayectoria deportiva y personal. Desde el Campeonato de España contrarreloj para profesionales que pasaba por la puerta de su casa «y se bajó de la bicicleta a mitad del recorrido porque decía que no iba bien», hasta el intento de hacer lo mismo en un campeonato del mundo sub 23.

Menos mal que le convencieron de lo contrario. Ha querido dejar el ciclismo en varias ocasiones. La primera vez en 2006, la segunda en 2009, la tercera este mismo año.

Quería probar como cocinero o como electricista. En 2009 se presentó en la salida de la Vuelta a España en Holanda con el brazo en cabestrillo. Le tenían que ayudar al principio de las etapas a ponerse encima de la bicicleta. Acabó logrando un triunfo en La Granja. Cuando Matxin le convenció para seguir corriendo esta temporada, le tuvo que decir que le iba a dejar tranquilo: «Como le metas presión, adiós, se hunde» dice de él.

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