Moncoutié bautiza Manzaneda

El francés venció en la cima ourensana, donde atacó Purito y Wiggins se vistió de rojo


cabeza de manzaneda / la voz

Algo nuevo y algo viejo. Un puerto inédito en la Vuelta a España y un corredor curtido en las victorias. El resultado fue un nuevo triunfo de David Moncoutié en Manzaneda. La cima ourensana recibió a los corredores con cielo gris y viento. Allí, donde la altura pelaba el paisaje, después de más de 17 kilómetros de ascensión, coleccionó un alto más el ciclista francés, ese eterno superviviente de las fugas que ayer levantó cuatro dedos. Cuatro victorias en las cuatro últimas ediciones de la ronda española. En Manzaneda también aletearon los gallos de la general. Atacó Purito Rodríguez, como había prometido. Fue el mejor de los aspirantes. Aunque dio su zarpazo a falta de un kilómetro para el final y no abrió la herida esperada porque acabó pagando la factura de su propio esfuerzo. El Sky se limitó a realizar un lógico cambio de líder. El keniano Christopher Froome ejerció de gran gregario y se despidió del maillot rojo, que se enfundó su jefe de filas, el británico Bradley Wiggins. Vicenzo Nibali, aquel al que todos vigilan, llegó con ellos.

La lucha por la victoria final se gestó en una escapada bien poblada, de 19 ciclistas, de la que formaban parte hombres como el propio Moncoutié, Amets Txurruka (Euskaltel), Luis León Sánchez (Rabobank), Sergio Paulinho (RadioShack) y Adrián Palomares (Andalucía. Todos ellos llegaron a contar con unos ocho minutos de ventaja. El Sky ya entonces controlaba al pelotón y simplemente dejó hacer para templar las ambición de los rivales, también muy arropados por sus gregarios.

El ataque definitivo

Palomares y Jorgensen (Saxo Bank) agitaron el grupo delantero cuando ya se olía allí que residía el ganador. El español se lanzó a la aventura. Su premio de consolación fue el que peor consuela, el de ser designado el corredor más combativo del día. Hubo más escarceos. Pero el hachazo definitivo lo dio Moncoutié, que aprovechó la neutralización de un ataque de Paulinho para lanzar su puñalada. Fue un contrata ataque letal pues. Ya había superado las peores rampas del puerto. Pero quedaban todavía unos 12 kilómetros para la meta. Una eternidad cuando el asfalto se empeña en seguir mirando hacia el cielo. Pero Moncoutié realizó su particular cronoescalada hasta el triunfo, esa gran excepción que él ya ha convertido en rutina.

El francés puso una pica en Manzaneda, un lugar en el que otros soñaban con la gloria, porque bautizar una cumbre en una grande siempre es un botín deseado. Pero Purito se quedó atado a la lucha por la general. Igor Antón (Euskaltel), asfixiado por el calor del anterior tramo de la Vuelta, tampoco logró resucitar su ligera alma de escalador en el frío de Manzaneda. Llegó a casi doce minutos del vencedor. David Blanco (Geox), que también ambicionaba lucirse en su tierra, viajó en el vagón de los ilustres durante la subida, allí donde se cuece la gran batalla, y acabó en el puesto 29, pero a un puñado de segundos de los candidatos a la general. Los dos buscan otros horizontes. Moncoutié ya tiene el suyo.

El keniano Froome perdió el liderato en favor de su jefe de filas, pero brilló como gregario

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