La hora del hijo del Patona

Adrián, máximo goleador blanquiazul, hizo dos tantos al Athletic en enero


a coruña / la voz

«¿Qué tal el hijo del Patona?», le preguntaron hace unas días en Oviedo a un aficionado deportivista. Para los de su pueblo, Teverga, Adrián es todavía «el hijo del Patona», ese chico que juega en el Dépor y en la sub-21.

Al delantero le hace gracia que le recuerden este detalle: «A mi padre le dicen Patona porque antiguamente, cuando estaban de moda, usaba pantalones de campana y él andaban mucho con ellos», apunta divertido. En el pueblo también se dice que, aparte de esos recordados pantalones, el padre de Adrián era un duro central que metía con fuerza la patona.

El hijo le salió delantero, y, por tanto, azote de centrales. Tiene unas buenas y atléticas patonas, que le han dejado de dar problemas desde que hace trabajo extra en los entrenamientos. Ha reforzado los puntos débiles de su musculatura y ha dejado de ser un jugador de cristal. De hecho, esta temporada no se ha perdido un partido por lesión.

Al choque de hoy llega tocado, pero por un traumatismo. Le están dando la lata la dura entrada por detrás que le hizo Iván Hernández en los últimos minutos del partido del sábado, patada que mereció una amarilla. Tiene molestias en el gemelo izquierdo.

Ayer, durante el entrenamiento, tenía cubierta esa zona por una cinta adhesiva de kinesio tape, inventadas por el kinesiólogo japonés Kenzo Kase en 1980 y que en el Dépor se han hecho habituales en los últimos años: con este remedio más un vendaje tradicional los fisioterapeutas confían en que pueda afrontar el partido sin dolor.

Y es que el Dépor se juega la vida y necesita a su máximo anotador. Adrián vive su mejor temporada como blanquiazul: ya suma once goles entre Liga (7, 2 de penalti) y Copa (4, 2 de penalti), unos números espectaculares para ser un delantero del Dépor, el equipo menos anotador de la Liga. De hecho, el asturiano ha hecho el 28% de los tantos oficiales del conjunto herculino esta temporada.

Dos de esas once dianas las firmó contra el rival de esta noche: «Adrián fue al fin el Ronaldo blanco». Así tituló La Voz la crónica del triunfo del Dépor en San Mamés el 2 de enero. Empezó precioso el año con aquella victoria que colocaba al Dépor a 8 puntos del descenso. En aquella jornada, fabricó y firmó dos goles, uno de penalti cometido sobre él, y provocó dos expulsiones. Es, todavía, el partido más completo del delantero asturiano con la blanquiazul. Lo pudo superar el sábado contra el Sporting si llega a firmar el tercero, que tuvo en sus botas pero ideó una vaselina que le salió muy floja.

En El Molinón volvió a ser titular, tras cinco partidos fuera del once. Adrián fue el gran damnificado de Lotina por la derrota ante el Levante (0-1). Tras aquel choque, jugó los doce últimos minutos contra el Mallorca (2-1) en Riazor, ni uno en La Rosaleda, los 28 últimos minutos de la victoria frente al Racing (2-0), los 14 últimos del Hércules-Dépor (1-0) y ni un segundo en la derrota ante al Atlético en Riazor (0-1).

En El Molinón, el Dépor más ofensivo de la temporada, con El Flaco de lanzador y Riki como escudero atacante del asturiano, Adrián volvió a volar muy alto: hizo dos tantos. Hoy el hijo del Patona es la gran esperanza blanquiazul.

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