Razón jurídica y sinrazón ejecutiva


Zapatero se lanzó al charco de cabeza. «No hay ninguna razón jurídica para sancionar a Contador», aseguró en Twitter. Cuánta amnesia contenida en una sola frase. Olvida Zapatero lo que establece el Código Mundial Antidopaje, que no vacila cuando cita el clembuterol. Y no recuerda que, como presidente de Gobierno, no debe intervenir de ninguna forma en un proceso disciplinario como el de Contador, porque los que juzgan son otros.

A Contador le sobran paladines en las altas esferas, como tampoco le faltaron a Alejandro Valverde. Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, valora el esfuerzo del ciclista para explicar su positivo. Lo lógico se confunde con lo encomiable. Por esa regla de tres habría que elogiar la defensa de cualquier acusado para agarrarse a la inocencia, ya sea Bernard Madoff o un anónimo falso culpable.

Los que consideren injusto el castigo a Contador pueden transitar por otros caminos. Cuestionar la norma que establece que la presencia del clembuterol en un control es positivo sin tener en cuenta que la cantidad sea ingente o mínima. Considerar excesiva la regla que responsabiliza a los deportistas de cualquier producto hallado en su cuerpo. Y aceptar la versión de la carne contaminada que aporta el corredor. Tienen esas cartas. Pero decir que no existe una razón jurídica para la suspensión es romper la baraja.

El irresponsable comentario de Zapatero demuestra la alegría con la que se trata el tema del dopaje para señalar y para exculpar dependiendo del nombre del que espera veredicto. Hay razón jurídica. Y sobra la sinrazón ejecutiva.

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