Red Bull, un proyecto millonario al servicio de Newey


abu dabi/dpa.

En solo cinco años de existencia, Red Bull logró cambiar el orden establecido en la Fórmula 1. Lo hizo con millones, una imagen moderna y desenfadada y un piloto joven, la fórmula del éxito para superar a las míticas Ferrari y McLaren.

El equipo formado en torno al imperio del millonario austríaco Dietrich Mateschitz y sus bebidas energéticas logró los dos títulos: el de constructores en Brasil y el de pilotos ayer con Sebastian Vettel, quien se ajusta a la perfección a la imagen de la firma. «Sebastian es increíble», dijo Mateschitz tras el éxito en Abu Dabi. Vettel es su ojo derecho, de ahí que se bañara con él en champagne en el podio. «¡Tú eres el hombre!», le gritó Christian Horner, su jefe de equipo, cuando cruzó la línea de meta y vio que era campeón.

El campeonato de constructores cimentó la imagen de equipo igualitario y limpio que mantiene arriba a dos pilotos sin dar preferencias. Pero el joven Vettel (23 años) es el preferido, por delante del australiano Mark Webber (34 años). «Es evidente que existe la percepción de que Sebastian boom, boom, boom es la nueva estrella», admitió Webber.

El motorhome de Red Bull simboliza el espíritu del equipo: puertas abiertas para todos, música moderna, comida gratis, relax y un ambiente «cool».

Los estrategas de márketing en torno a la firma de Mateschitz huyen del glamur elitista. Durante años, a falta de éxitos deportivos, el equipo era más reconocido por las bellas modelos y camareras y por sus espectaculares acciones publicitarias. En ese sentido, no fue casual la contratación para Toro Rosso, el segundo equipo, del piloto español Jaime Alguersuari, joven, dicharachero, descarado y DJ en sus tiempos libres.

En esa línea está Vettel. «Será campeón del mundo», había vaticinado Bernie Ecclestone, el patrón de la fórmula 1. Ayer se confirmó su apuesta. «Es un chico condenadamente simpático», agregó. Y es que a Ecclestone lo que le gusta sobre todo del alemán, además de su talento, es su sencillez, su cercanía, su sonrisa.

El ascenso de Red Bull no es solo obra Vettel y Webber. El diseñador estrella Adrian Newey transformó la «lata rodante» en el coche más rápido de la parrilla. El éxito le ha costado mucho dinero a Mateschitz: en el 2010 invirtió cerca de un 30 por ciento más que en 2009 para un total de 123,2 millones de euros (172 millones de dólares). El presupuesto total es de 185 millones de euros, de los que Newey es, con un salario anual de nueve millones de euros, es el mejor pagado. «Hemos reclutado a los mejores y a los más profesionales». La explicación de Mateschitz.

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