El pequeño dictador de la F-1

Bernie Ecclestone, piloto frustrado y hombre de negocios polémico por sus elogios a Hitler y sus declaraciones machistas, cumple 80 años


berlín/Dpa.

Bernie Ecclestone no confía mucho en la democracia. Desde hace décadas la fórmula 1 obedece sus órdenes. Su fortuna se estima en unos 2.000 millones de euros. El británico asegura que el dinero, el poder y el éxito significan para él «nada, cero, nada de nada». Pero hoy cumple 80 años y se mantiene en su trono.

Ecclestone decide hacia dónde se dirige la categoría reina del motor. Él la convirtió en una máquina de hacer dinero. Llevó el circo siempre a nuevos mercados. Durante 20 años, formó una todopoderosa pareja con su padrino de boda, Max Mosley, entonces presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). Pero Ecclestone no piensa en el final de su reinado. «Si dejo de trabajar, ya no podré solucionar ningún problema. Y si ya no puedo hacer eso, es el comienzo de la muerte», dijo.

«Es asombroso lo en forma que aún está. Hay mucha gente a su edad que ya no es tan eficiente», dijo el alemán Sebastian Vettel, uno de los más jóvenes de la parrilla. Ecclestone es un conocido fan del piloto de Red Bull, 57 años menor que él. «Desde el principio tuve una buena relación con él», confesó Vettel. «Bernie es feliz, está en forma, lo vive», dijo el actual presidente de la FIA, Jean Todt.

El jefe de la F-1 estaba ya obsesionado por los negocios en la infancia. «Desde siempre he negociado y comerciado con todo lo que me caía en las manos», contó Ecclestone en una ocasión. «Primero chicles por gomas de borrar, luego pinturas por cuadernos del colegio, más tarde bombas de hinchar ruedas por pelotas de fútbol. Siempre vendí o cambié todo». Desde hace tiempo sus negocios mueven millones de euros.

Sin embargo, el pequeño empresario británico, de apenas 1,60 metros de altura, no siempre da con el tono correcto. Su abierta simpatía por las dictaduras y sus declaraciones sobre las cualidades de Adolf Hitler provocaron revuelo en varias ocasiones. «Siento haber sido un idiota», se disculpó en un diario judío por sus meteduras de pata.

Ecclestone creció en una familia trabajadora en Bexleyheath. Durante un ataque aéreo durante la guerra tuvo «simplemente suerte» de sobrevivir. Dejó el colegio a los 16 años y encontró un trabajo en la empresa municipal de suministro eléctrico. Entonces, su pasión estaba en las dos ruedas. Se hizo socio de un negocio de motos y, cuando todavía adolescente, llegó al deporte del motor como copiloto de un sidecar. Más tarde confesó que le costaba mucho mantenerse sujeto en las curvas y que en cada vuelta estuvo «a punto de morir varias veces». No tenía talento.

En el primer gran premio de F-1 estuvo presente. Compitió en una carrera secundaria en el circuito de Silverstone en 1950. Fue el empujón que lo llevó a subir de vendedor de motos y coches usados a magnate. Pronto se hizo mánager de Stuart Lewis-Evans, que murió tras un accidente. Luego gestionó la carrera de Jochen Rindt. Cuando el austríaco perdió la vida en Monza el 5 de septiembre de 1970, Ecclestone guardó su casco ensangrentado. Dicen que nunca olvidará el dolor por la pérdida de aquel amigo.

Tras la muerte de Rindt, compró el equipo Brabham y se convirtió en presidente de la entonces asociación de constructores. En 1977 se hizo con los derechos publicitarios, un año después con los de retransmisión. Y ahí empezó a enriquecerse.

Ecclestone ha elogiado a Hitler y no ha ahorrado declaraciones machistas. Llegó a decir que «las mujeres deberían ir de blanco, como el resto de sus electrodomésticos. Pero elige parejas de mucha más estatura y menos edad que gustan del color. Su nueva novia es 48 años más joven que él. Quizás la edad no importe «nada, cero, nada de nada». Como el poder.

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