Cuando la calidad se sirve en frío

Los éxitos de Indurain fueron el principio de la vocación de un ciclista que interpreta como pocos las carreras y toma los mandos de su equipo en el pelotón

Gustavo César Veloso festeja su victoria en el podio
Gustavo César Veloso festeja su victoria en el podio ?AFP

«O importante é non levar un golpe». Gustavo César Veloso (Vilagarcía, 1980) es el filósofo del Xacobeo. Busca el relax en las profundidades de la pesca submarina. Después, en la superficie, siempre encuentra la frase retranqueira para el momento justo. Y dispara verbalmente con tranquilidad. Con esa calma ganada con el tiempo. Aunque ayer le costaba elegir las palabras para describir sus sensaciones.

Su vocación ciclista maduró durante aquellas tardes de julio aceleradas por la crono de Miguel Indurain. El navarro quemaba la carretera de Luxemburgo y después el gallego salía a rodar por las arousanas. Indurain fue el principio de todo. «Antes de Miguelón yo no sabía nada del ciclismo», reconoce. Y, a pesar de sus coqueteos con el fútbol y atletismo, se subió a la bicicleta del Xiabre.

Fue en el 2000 cuando en el horizonte el camino se bifurcaba. Fue llamado para cubrir una plaza vacante en la selección sub-23. El ciclismo o los estudios. El pelotón o la selectividad. Los sueños o el pragmatismo. Eligió lo primero. Se marchó a la Vuelta a Cataluña del Porvenir y ganó en Barcelona. Siempre recuerda que Cataluña le trae suerte. «Es la tierra de mi mujer», insiste.

Él, como su ídolo de la infancia, también se vistió de amarillo en el Tour. En el Tour del Porvenir, una carrera hija de la grande boucle destinada a descubrir nuevos valores. Thomas Dekker se fue al suelo y él se sintió un poco como Indurain en aquel podio francés.

Sus éxitos no evitaron el viaje obligado de tantos ciclistas gallegos. Se marchó al Boavista portugués en el 2001. El Relax y el Kaiku fueron su pasaporte para regresar al pelotón español. Con el equipo navarro, en el que coincidió con Ezequiel Mosquera, consiguió vencer una etapa y lucir el maillot de líder en la Vuelta a Portugal.

Vuelta a Cataluña

Con el Xacobeo, entonces Karpin, logró un triunfo ProTour. De nuevo Cataluña. Fue el primer corredor de un equipo continental en adjudicarse una general del máximo rango.

Es un tipo grande que asegura que no tiene claro si es escalador o contrarrelojista. «No sé qué tipo de ciclista soy», señala cumpliendo el tópico del gallego. Asegura que sube bien, como quedó demostrado en la cima de Xorret de Catí, pero reconoce que el tercer día de montaña suele atragantársele. Y es el mejor gallego del Xacobeo en la despiadada lucha contra el reloj.

Ezequiel Mosquera siempre dice que siente una especie de pudor al «ver a un pedazo de corredor así» trabajando a sus órdenes. Porque David García y Veloso son los lugartenientes del jefe de filas del Xacobeo. El arousano es un buen estratega. «Gustavo tiene una gran visión del ciclismo, de hecho es el que maneja el equipo dentro del pelotón», señala Álvaro Pino. «Habla continuamente con nosotros comentando todo lo que pasa. Dice: 'Viene viento de derecha, vamos a pasar a Eze hacia delante'», añade. «Siempre usa su inteligencia para ayudar al resto de sus compañeros. Esta vez la puso a su servicio», asegura el director deportivo de la formación gallega.

Veloso es un hombre de equipo. David García recuerda con cariño cómo su compañero le pelaba plátanos y le hacía de psicólogo para superar una pájara en los Lagos de Covadonga. «Buena parte de las victorias que conseguimos sus compañeros se deben a él. Da siempre el 100% por nosotros. Se lo merece», dice el marinense.

«Llega mi turno»

Antes de viajar hacia Holanda para afrontar esta Vuelta, el arousano insistía en que este año le tocaba a él. «En el 2008 ganó la etapa David García. Habíamos marcado las mismas etapas en el libro de ruta. Ahora llega mi turno», aseguraba convencido.

Veloso mastica el triunfo con su reposo de siempre. Recuerda a su mujer y a su bebé, Álex. Le duele que la carretera lo aparte del niño. «Te vas perdiendo cosas que ya nunca regresan», se lamenta. Pero ayer esa separación fue un poco menos dolorosa.

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