«El Huracán» que emuló al «Manteca»

La Voz

DEPORTES

Cuando llegó a A Coruña, la duda de la afición era saber si saldría a Pandiani o a Manteca Martínez, los dos delanteros uruguayos que lo habían precedido en Riazor. Pronto quedó claro que en el caso de Sebastián Taborda (Montevideo, 1981) la balanza se iba a inclinar hacia el lado de Manteca, y el paso del tiempo no ha hecho cambiar de opinión al deportivismo.

El Huracán, un tallo de 1,92 metros, fue reclamado a filas por Joaquín Caparrós, que buscaba un ariete espigado que culminase el juego crudo, sin cocinar, de su equipo. Lo reclutó el último día del cierre de fichajes de la campaña 2005-2006. Fue presentado el 1 de septiembre del 2005 y justo rescindió su contrato con el club un par de horas antes de que se llegase al cuarto aniversario de esa fecha. El Deportivo lo fichó por cinco temporadas, y le colocó una cláusula de estrella (60 millones). Pagó por el 70% del pase del futbolista un precio que, pasado el tiempo, se antoja excesivo: 2,9 millones de euros. El restante 30% se lo quedó su club de origen, el uruguayo Defensor, «convencido de que el valor del futbolista en el futuro puede reportar un 30% de beneficios económicos», dijo Lendoiro cuando el Huracán llegó.

Al final, el conjunto coruñés lo ha dejado irse antes de tiempo, y sin sacar tajada alguna. Según Onda Cero, el jugador cobrará algo más de la mitad de lo que le adeudaba el Deportivo y el mismo porcentaje del año de contrato que le quedaba.

En el conjunto coruñés jugó 41 partidos y anotó cinco goles. No contó demasiado ni para su mentor Caparrós ni para Lotina. Curiosamente, su último gran momento con el Dépor lo vivió en noviembre del 2007, al anotar en el último minuto el tanto del empate en San Mamés frente al Athletic de Caparrós. La pasada temporada se quedó sin ficha y, como Barragán, presentó una denuncia contra la entidad blanquiazul, que luego retiró. Se acabó yendo cedido al Hércules, de Segunda, donde tampoco tuvo continuidad.

El lunes, tras firmar su adiós al Deportivo, se quejó ante los periodistas de que ningún técnico le dio cinco partidos seguidos, y de que se abusó de él como recurso cuando los partidos estaban cuesta arriba. «Salía quince minutos para que me mandasen balonazos», se quejó de ser el destinatario de tantos balones a la olla.

De Taborda quedará un recuerdo flojo dentro del campo y lamentable fuera de él. Agredió en Abegondo a un periodista (Armando Palleiro, del diario DXT) que había criticado su nivel futbolístico. El caso fue juzgado y supuso una condena al jugador y al Deportivo como responsable civil subsidiario.