La última palabra, el Mont Ventoux

Armstrong, Wiggins, Kloden y los Schleck se jugarán el podio en la cima lunar tras el quinto triunfo de Cavendish


El Tour también afrontará su particular viaje a la Luna. El Mont Ventoux. El pelotón visitará hoy esa cima inhóspita, donde Tom Simpson dejó de respirar en 1967. El quinto triunfo de Mark Cavendish, que ganó ayer en Aubenas, solo fue un paréntesis al esprint entre la contrarreloj de Annecy y la mítica cima. Los corredores partirán de Montélimar, el lugar en el que Óscar Pereiro se enfundó de amarillo después de una fuga que se hizo eterna en la general. Superarán tres puertos de tercera categoría y uno de cuarta. Y, después de 167 kilómetros, acabarán en la cima del muro blanco.

Neil Armstrong pisó la otra Luna. Otro Armstrong para la historia, Lance, conoce bien la luna del Tour, con 21,6 kilómetros y un desnivel del 7,6%. En el 2000 cedió el triunfo a Marco Pantani en una maniobra que llevaba implícita cierta dosis de humillación. Alejandro Valverde conquistó la cima en la última Dauphiné Libéré. Triunfar en esta cumbre seca, a menudo castigada por el viento y por el sol, es dejar una huella para la posteridad. Es ganar allí donde lo hicieron Bobet, Charly Gaul, Poulidor, Eddy Merckx o Thevenet en otros Tours.

En esta edición de la grande boucle todo parecía indicar que el Mont Ventoux tendría, además, la llave que abriría la última puerta de París. Porque asume el papel de juez que habitualmente juega la crono individual en vísperas del paseo por los Campos Elíseos. Pero, después de la superioridad demostrada por Alberto Contador, el primer puesto de la general se antoja ya con un inquilino definitivo. El corredor madrileño consiguió sacarle punta a los otros dos finales en alto que han agitado la clasificación en este Tour y a la etapa reina de los Alpes. Son otros los que están obligados a presentar batalla. Aquellos que quieren acompañar al español en el podio. Los hermanos Schleck, Armstrong, Bradley Wiggins y Andreas Kloden.

Andy y Frank Schleck intentarán desalojar otra vez a Armstrong del cajón. Demostraron que es posible en Le Grand-Bornand y democratizaron un Tour que era a la vez feudo y escenario de las guerras del Astana, pasto fácil de la dualidad Contador-Armstrong. Los luxemburgueses destaparon definitivamente la debilidad del estadounidense en la montaña. Y anunciaron que están dispuestos a seguir atacando en la traca final para los escaladores.

El hermano menor, Andy, recordó ayer que todavía no ha ganado una etapa en el Tour. El mayor, Frank, sabe que tiene que hundir a Armstrong, Wiggins y Kloden si quiere recuperar la tercera posición de la general.

Armstrong, que ayer robó 4 segundos al meterse en el corte provocado por el Columbia en el esprint, parece ver en el horizonte el 2010 y no el puerto del viento.

En la lucha por la general esta vez no incidirán los escarceos por el maillot de la montaña. Franco Pellizotti llegará a París con el jersey de lunares. Se lo aseguró ayer matemáticamente. Aunque hay corredores que ya no están atados por la general que pueden buscar el triunfo en el Mont Ventoux, como Carlos Sastre. Serán hormigas que buscan la gloria en el gigante blanco.

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