El extravío del pasaporte del utillero alarga hasta las 18 horas el viaje de la selección entre Azerbaiyán y Sudáfrica


Ni un enemigo hubiera firmado el guión del desplazamiento desde Bakú a Rustenburgo, primer destino de los campeones de Europa en Sudáfrica. El bolo del millón de euros ante los azerbaiyanos concluyó poco antes de las ocho de la tarde del martes, siempre hora peninsular española, y los hombres de Del Bosque conocieron su hotel de concentración para la Copa Confederaciones en torno a las 14 horas del miércoles. Dieciocho horas después.

Se las prometían muy felices los españoles tras endosarles el set en blanco a los caucásicos. Se trasladaron a un hotel para cenar y enseguida se presentaron en el aeropuerto de Bakú. Tras superar el doble control policial, facturar y embarcar, esperaron cerca de dos horas sentados en el avión hasta que al fin despegaron. ¿Qué ocurrió? Pues que uno de los encargados del material de la Federación perdió el pasaporte y no hubo forma de solventar el problema.

Búsqueda en la bodega

Lo buscó por varios rincones del aeropuerto, pero no apareció. Se abrió la bodega del avión para ver si el visado se hallaba en alguna bolsa, pero la misión resultó inútil. La policía azerbaiyana se mostró inflexible. No hubo forma humana de persuadirla. Ni viaje oficial, ni vista gorda, ni arreglo provisional, ni Ángel Villar como vicepresidente de la FIFA, ni gaitas. Son agentes ex soviéticos, disciplinados y meticulosos con su trabajo. Al no disponer España de embajada en esta república caucásica, no había remedio.

Finalmente, acompañado por un empleado de la agencia de viajes, al apesadumbrado utillero no le quedó otro remedio que pernoctar en Bakú, a la espera de salir al día siguiente a través de un salvoconducto gestionado a través de la embajada francesa. El caso es que el Airbus de Iberia solo consiguió despegar al filo de la una y media de la madrugada. Tras casi diez horas de vuelo nocturno y algún mal sueño, tomó tierra en Johannesburgo.

Tras sobrevolar Irán, Kuwait, Arabia Saudí, el Yemen, Yibuti, Etiopía, Kenia, Tanzania, Zambia, Malaui, Zimbabue, Mozambique y parte de Sudáfrica, todavía quedaba una sorpresa para la expedición: dos horas y media de viaje en autocar hasta el alojamiento de la selección en una reserva natural de Rustenburgo, rodeada de monos. Con semejante trajín, los internacionales apenas tuvieron tiempo para acreditarse y descansar. Nada de entrenar ni de atender a la prensa.

Sin cintas transportadoras

Menos mal que los futbolistas no tuvieron que recoger su equipajes. Para los periodistas españoles, aguardar la salida de las maletas parecía el cuento de nunca acabar. Dos horas largas de espera. Primero las juntaron con el material de los futbolistas, luego las introdujeron en otro contenedor y al final las sacaron una a una y a mano a la terminal. Para qué utilizar las cintas transportadoras.

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