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Red Bull se rebela contra la tiranía del difusor

El equipo austríaco corta la racha de Brawn GP y consigue la primera victoria de su historia


Red Bull se une a la revolución. Sin el KERS que Flavio Briatore quiere tirar al mar. Sin el doble difusor trasero sobre el que Brawn GP edifica su reinado. Con un buen coche y con el piloto más prometedor de la fórmula 1. Con estos ingredientes, la escudería logró el primer triunfo de sus cuatro años de historia. El RB5 y Sebastian Vettel reinaron en la lluvia de Shanghái. Y Mark Webber completó el doblete. Jenson Button esta vez tuvo que conformarse con un duelo con el austríaco y con el tercer escalón del podio. Fernando Alonso partió de la segunda plaza, quedó relegado a la última cuando repostó justo antes de que fuera retirado el coche de seguridad, y acabó noveno tras protagonizar un trompo que cortó su vuelo hacia puestos mejores.

Más que alas, Red Bull les da aletas a sus pilotos. Navegaron a toda máquina en otro gran premio atípico, repleto de acrobacias acuáticas, con una salida lanzada, con los coches en comitiva detrás del safety car . Vettel fue Neptuno en China. Capeó el temporal que arruinó más de una estrategia, en el que Alonso fue la gran víctima.

Solo Button se atrevió a flirtear con los Red Bull. Pero cuando parecía que el líder del Mundial se disponía a reclamar su dominio en la pista, Kubica embistió a Trulli y trajo de vuelta el coche de seguridad.

Lewis Hamilton, condenado a las remontadas, fue el más osado en Shanghái y firmó adelantamientos cuando la visibilidad era más que dudosa, con maniobras que se movían entre genialidad y el arrebato. Acabó en la sexta plaza. Un pobre botín para el campeón mundial.

Pero el Titanic de este Mundial es Ferrari. Su hundimiento ya histórico. Felipe Massa no acabó la carrera y Kimi Raikkonen finalizó décimo. Ninguno de ellos ha conquistado un solo punto.

Mientras los ilustres siguen lamiéndose las heridas, confiando en milagros de difusores y renunciado cada vez más al KERS, comprueban que emerge un nuevo rival, cuya sombra amenazante ya asomaba en los entrenamientos. Red Bull, conocido en el circo del motor como el Chelsea del paddock por su derroche económico, prueba por fin el sabor del triunfo. Y se levanta contra el orden establecido.

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