Sastre: «¿Cuándo me lo creí? Hace un minuto, cuando atravesaba la meta»

Agencias

DEPORTES

28 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Ahora sí que he hecho realidad el sueño de mi vida», afirmó el español Carlos Sastre desde lo más alto del podio de París a la multitud que saludó su triunfo en el Tour de Francia. «Gracias a todo el mundo, he hecho realidad mi sueño», repitió con el micrófono en mano en tres idiomas, francés, inglés y español. Acababa de recibir el último jersey amarillo, el que cuenta, de manos del alcalde de París, ajustado como siempre por Bernard Hinault, el quíntuple ganador del Tour, el rostro de todos los podios.

Sonriente, acompañado de sus dos hijos, Claudia, de seis años, y Yeray, de cuatro, Sastre posó para una foto histórica, con el Arco del Triunfo de fondo y el himno español como música de fondo. A su diestra, el australiano Cadel Evans tiene el rostro largo, serio, de pocos amigos. Hace carantoñas a los hijos de sastre pero no está cómodo en ese podio que conoce tan bien. Fue segundo el año pasado. A la izquierda está Bernhard Kohl, que saborea vestido con el maillot de puntos rojos, el de la montaña, el tercer escalón del podio como un premio gordo, el más grande de ningún austríaco en el Tour. «Esta carrera ha llegado al fin que yo buscaba, es una sensación muy especial, ver toda la gente que hay aquí te trae a la mente muchos sentimientos que se acumulan durante tantos días. Me siento feliz», afirmó Sastre.

Los niños jugueteaban entre el estricto protocolo de los organizadores. «Ellos son los que más están disfrutando», confesó el ciclista de El Barraco, en Ávila. Su esposa, Piedi, se esconde de los focos. No quiere ni verlos, rechaza salir en la tele, hablar para los medios. Los padres de Carlos no caben por los pasillos, orgullosos de ver a su hijo subir al escalón más alto que conoce el ciclismo mundial.

«Es algo que quería vivir», repitió Sastre, un tanto turbado por tantas sensaciones, por tantas alegrías. «¿Qué cuando me lo creí? Hace un minuto, cuando atravesaba la meta>» señaló sonriente.

Sastre es un hombre colmado, rodeado de sus seres queridos. «Es algo que no sabes lo que es hasta que estás ahí arriba en el podio, el más grande que puedes esperar», aseguró. Atrás quedan 21 días de competición, más de 3.500 kilómetros de batalla. Su épico ascenso al Alpe D'Huez en solitario, la defensa de su jersey amarillo en la contrarreloj de Saint-Amand-Montrod, el último peldaño hasta París. «He encontrado lo que buscaba y, aunque he sufrido, siempre he disfrutado. Hasta los días que lo he pasado pero he sacado beneficio, no lo voy a olvidar, lo guardaré siempre con cariño en mi memoria», evocó el campeón de la carrera ciclista más importante del mundo.

Y envió un mensaje de esperanza: «Espero que este Tour sea un ejemplo, porque la mayoría hemos luchado por ganar, lo hemos dado todo por nuestros equipos, por nuestros países, pero siempre en beneficio del ciclismo. Quiero pensar que se ha luchado de verdad».

Sastre mira para atrás con orgullo y para adelante con ilusión. Los Juegos de Pekín son su próxima meta. «Es una nueva ilusión», confirmó el abulense. ¿La última de la temporada? «No, estaré en la Vuelta a España», confirmó el ciclista.

Luego se eclipsa con los suyos que tantas ganas tenía de ver. Su familia estuvo en Euro Disney a la espera de ver al padre llegar a París vestido de amarillo. Ya solo falta la fiesta final para celebrar al fin la conquista de París. Sastre ha logrado un sueño del que no quiere despertar.