El «annus horribilis» del Zaragoza

Cuatro entrenadores en 51 días, peleas entre los jugadores y una mala planificación explican el fracaso de un proyecto en el que se invirtieron 40 millones en verano


Un pésimo Valencia, un Murcia plano y un Levante poco competitivo carecen de argumentos suficientes para arrebatar al Real Zaragoza el título de mayor decepción de la Liga. La crisis del próximo rival del Deportivo es sencillamente espeluznante. Un equipo que ha invertido 40 millones en fichajes el pasado verano y que partía con el objetivo mínimo de meterse en la próxima edición de la Copa de la UEFA se encuentra ahora seriamente amenazado por el descenso. A continuación se explican las principales claves del annus horribilis del club aragonés.

Fallos graves de planificación.

La directiva dio manga ancha en la planificación a Víctor Fernández, el entrenador que empezó la temporada, y a Pedro Herrera, secretario técnico, ninguneando a Miguel Pardeza, que había apostado hasta entonces por gente joven con hambre de títulos como Gabi Milito o David Villa. Los nuevos responsables cambiaron ese perfil por el de futbolistas con más nombre y experiencia, pero con todo hecho en el mundo del fútbol, como Ayala o Luccin. El resultado no ha podido ser peor después de una inversión de 40 millones de euros, y la falta de implicación de los nuevos es la crítica más escuchada en la grada de La Romareda en cada partido. Conflictos en el vestuario. D'Alessandro ha sido el principal inductor de los problemas en la cocina del equipo. Primero se enfrentó con Víctor Fernández, su entrenador, al que atizó en público: «Vos tenés la culpa de todo lo que nos está pasando ahora». Después hizo lo mismo con su compatriota y amigo Pablo Aimar, a quien acusó en un entrenamiento de no involucrarse. «Por eso no estás autorizado para hablar con la plantilla», le espetó. El incidente casi llega a las manos con las cámaras de televisión delante y siguió más tarde en el vestuario. Diego Milito, uno de los cabecillas de la caseta aragonesa, consiguió separarlos, no sin esfuerzo. La amistad que los dos argentinos mantenían desde la infancia y fomentaron en River Plate se congeló para siempre, y la directiva del Zaragoza, harta de D'Alessandro, lo mandó cedido al San Lorenzo de Almagro, asumiendo incluso la mitad de la ficha. Tras la renuncia de Ander Garitano, que duró menos de una semana al frente del equipo alegando «motivos personales», se esconde asimismo la figura del extremo argentino, aunque también la intromisión de la directiva en asuntos deportivos, ya con el Zaragoza en una dinámica decadente. Una directiva que no conoce el mundo del fútbol. Agapito Iglesias no es hombre de fútbol, y se nota. Le salió bien la primera temporada y tal vez por eso se animó a dotar al equipo del quinto presupuesto de la Liga. Pero también tomó decisiones incorrectas y muy discutidas, como por ejemplo dejar la negociación de futbolistas en manos de un representante, Hugo Buitrago. Antes era el director general del club el que se ocupaba de regatear con los agentes. Baile de entrenadores. Tampoco parece una decisión adecuada de Agapito Iglesias el baile de entrenadores que ha conocido esta campaña el próximo rival del Deportivo. Cuatro han pasado por el club hasta la fecha, pero de la destitución del primero al fichaje del cuarto pasaron solo 51 días. Empezó Víctor Fernández, sustituido por Ander Garitano, Javier Irureta y, finalmente, Manolo Villanova.

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