Los ingleses buscan una explicación a su «eurodrama»

imanol Allende

DEPORTES

La Federación destituyó ayer al seleccionador Steven McClaren, quien solo dirigió 18 partidos

23 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Era predecible que Steven McClaren no continuaría como seleccionador nacional de Inglaterra más allá de esta semana. Su balance de los 18 encuentros que ha dirigido a la selección era negativo, que tuviera que ayudarse de un regalo de Israel para llegar al último encuentro con posibilidades era ya humillante para una sociedad que aún vive de su pasado glorioso y del mantra de que fueron los padres probeta de este deporte.

La reunión de los doce miembros de la dirección de la Federación Inglesa tuvo lugar muy temprano, en un edificio clásico de Soho Square, en el corazón de Londres. Por unanimidad los doce hombres sin piedad , ponían fin al contrato de Mc-?Claren, el más corto en número de encuentros (18) en la historia de los seleccionadores ingleses. Éste aceptó la decisión y unas horas más tarde hablaba ante los periodistas y describía la jornada del miércoles como «el día más triste de mi carrera profesional». McClaren no es mal tipo, y quizás su carácter dócil fue el motivo por el que fue elegido como seleccionador (y porque los que quería la FA rechazaron la oferta). «El día que me nombraron seleccionador nacional fue el más feliz de mi vida, pero entiendo la decisión, no nos hemos clasificado y hemos llegado a esta situación». McClaren agregó que no va a poner excusas, «hemos contado con suficientes encuentros para podernos clasificar, siempre he dicho que viviría y moriría según los resultados».

Las causas de este desastre deportivo habría que buscarlas primero en los errores de la Federación Inglesa. Viene siendo habitual que el único motivo por el que su ejecutiva decide con unanimidad es para expulsar a un seleccionador. Para la elección siempre hay favoritismos, amiguismos y un sentido de elegir al menos malo (mejor dicho, al menos problemático). A la Federación le ha durado McClaren 18 meses, un bonito récord cuando desde el segundo o tercer mes las dudas sobre su continuidad han sido constantes, pero a la postre todo un logro cuando desde el primer día se olía que el contrato de McClaren eran más producto del compromiso que de la confianza en sus dotes.

Talentos extranjeros

El segundo factor que explica este descalabro es la llegada de talentos extranjeros atraídos por el brillo de la libra esterlina, y cuando ese efecto llamada no ha sido acompañado por la dedicación necesaria a la cantera. Liverpool era un club de cantera, el mejor, lo ha sido durante toda su historia. Hasta este siglo, cuando llegó Rafael Benítez y llevó la Armada Española a Anfield. ¿Y el Chelsea? ¿Y el Arsenal, club que se ha jactado de haber colocado en partidos de liga mediocres a sus once titulares extranjeros?

Roy Keane, el técnico irlandés del Sunderland, hablaba ayer del problema de los egos en la selección inglesa -cómo no creérselo cuando la prensa les calificó como «la generación dorada». Uno de ellos, su antiguo compañero en el Manchester United, David Beckham, salía ayer hablando de teorías de pantuflas y batín, y humanidades chuscas que no convencían a nadie. «No importa cuánto dinero tengas, cuántas casas o cuántos coches,... cuando pierdes te duele». Patético.