El matrimonio más breve de la F1

El caótico Gran Premio de Hungría y el asunto del espionaje a Ferrari desbordaron las diferencias entre el piloto asturiano y Ron Dennis, el patrón de McLaren


Dicen que cuando Fernando Alonso comenzaba a despuntar en la fórmula 1 retocó la agenda de su teléfono móvil y cada nombre lo encabezaba por Ron Dennis. Así, cuando le telefoneaban hacía siempre la misma broma: «Disculpad, me está llamando Ron Dennis, creo que quiere ficharme». En el trasfondo del chiste yacía un deseo, el de pertenecer a McLaren, una de las escuderías históricas de la fórmula 1 y para la que había corrido su gran ídolo, Ayrton Senna.

McLaren, que no gana un título de pilotos desde 1999 con Mika Hakkinen, compraba el número 1 para su monoplaza con el fichaje de Fernando Alonso, un contrato que se hizo público en diciembre del 2005, cuando al asturiano aún le quedaba una temporada más en Renault.

Durante los primeros meses en la escudería británica no había otro debate más que si el monoplaza gris sería capaz de seguir el talento de Alonso. Si algo había popularizado a McLaren en los últimos años fue su falta de fiabilidad de motor. El compañero Lewis Hamilton apenas existía para la prensa española. El triunfo de Alonso en Malasia confirmaba que el piloto había hecho bien al cambiar de aires tras los dos títulos con Renault. Hamilton ganó confianza al ver que no se apeaba del podio y en Mónaco denunció veladamente su situación de segundo piloto. Su crecimiento se multiplicó en la gira americana al ganar las carreras de Montreal e Indianápolis. Entonces, Alonso lanzó su primera queja explícita: «Estoy con un compañero inglés que va muy bien en un equipo inglés y sabemos que todo el apoyo del equipo y las ayudas son para él». La vida discurrió con relativa calma hasta el Gran Premio de Hungría, donde se presenció algo inédito, una agria discusión entre Ron Dennis y Hamilton. «No me vuelvas a hablar así en tu puta vida», le dijo el patrón al piloto. Fernando Alonso, que taponó a su compañero en el repostaje de la calificación, recibió una sanción a instancias del padre de Hamilton sin la cual hoy el asturiano habría sido el campeón del mundo. Y, de paso, McLaren.

La crisis de Hungaroring

Todo se descompuso desde Hungaroring, pero los pilotos, conscientes de su rivalidad, llegaron a tolerarse. Alonso culpó a Dennis de su situación e intentó importunarle sin dirigirse a él, bastó una barba de varios días en Estambul, algo que chirría con el protocolo del patrón de McLaren.

Por el medio, la prensa británica y alemana señalaba al español como chivato en el asunto del espionaje, mientras ocho editoriales británicas preparaban sendas biografías de Lewis Hamilton como campeón del mundo.

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