Pese a disponer de equipos en todas las categorías, Galicia ha perdido peso en el concierto español, los árbitros trabajan al margen de la federación y los clubes no confían en ella
06 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El baloncesto gallego amenaza fractura. Mientras la élite, los clubes que compiten en categoría nacional, luchan por su estricta supervivencia, la base atraviesa posiblemente el peor momento de las dos últimas décadas. ¿Cuánto hace que un equipo gallego no alcanza la fase final de un Campeonato de España? ¿Cuántas selecciones autonómicas figuran por delante de la gallega? Faltan árbitros y los que tienen proyección se mueven en ámbitos alejados de la federación, y escasean los entrenadores. ¿Jugadores? En la ACB sólo hay cuatro gallegos (Esmorís, Manu Gómez, Fran Vázquez y Javi Rodríguez). El dedo acusador apunta a una federación calificada de inmovilista, poco ágil y alejada de la realidad de los clubes. Casi cuatro lustros, diecinueve años, contemplan la trayectoria de la Federación Gallega de Baloncesto, tiempo en el que lo único que permanece invariable es su cabeza visible: Francisco García Sánchez. «Tenemos lo que nos merecemos», se lamenta Julio Bernárdez, gerente del Porriño y una de las personas que en su momento apuntó a la creación de una candidatura alternativa. Bernárdez, hoy enteramente dedicado a su club, no duda de la honradez de los actuales rectores, «pero -matiza- no interpretan el baloncesto moderno. Quizá tienen pocos medios, pero no están en el siglo XXI». El gerente del Porriño insiste en que la labor federativa debería ir encaminada a estructurar la base, un objetivo con el que coincide Pepe Casal, ex preparador físico del Barcelona y voz autorizada del baloncesto en Galicia. «Tienen que hacer un esfuerzo mayor, los niños deben de competir todo el año, no sólo durante dos o tres meses». Para Casal, el papel de la federación debería ser organizar campus y fomentar la afición.José Luis Renda, socio número uno del Inelga de Vilagarcía y ex presidente de la federación arousana, dirige sus dardos hacia Paco García. «Sólo se representa a sí mismo, no al baloncesto», afirma antes de recordar que la federación carece de objetivos y se limita a ser «vasallo de la española».¿Damnificados? El Obradoiro y su tardía y negligente inscripción; la desaparición del Proyecto Siglo XXI, a cuyo frente se encontraba el actual seleccionador, Moncho López, zarandeado por las acometidas del oficialismo lucense, el mismo que se dice que sostiene la estructura federativa con el quehacer de Jorge Chao -delegado que heredó el puesto de su padre- y Victorino Melle; torneos como el internacional júnior de Vilagarcía, en cuyos carteles la federación «no se ha ganado el derecho a colocar su anagrama», además de no facilitar ayudas ni para el arbitraje; la orfandad de clubes obligados a cerrar la tienda por falta de respaldo; la fractura en el colectivo arbitral; la ausencia de gallegos en Madrid; o la interminable lista de ilustres -el propio Renda, Alfredo Pérez, Jesús Fernández Anta, Sabariz, José Carlos Rodríguez...- alejados de una federación cuya máxima, sostienen, es el laissez faire, laissez passe r («dejar hacer, dejar pasar»).Tras reclamar el incremento de un presupuesto que Paco García reconoce que no ha crecido en los últimos siete años, dice que el panorama no es idílico, pero exhibe como logros el que los dos seleccionadores españoles son gallegos, así como el que Galicia tiene equipos en todas las competiciones. ¿Y los jugadores?: «Falta que los equipos confíen más los jóvenes, porque el nivel de nuestras selecciones es más alto que el de los clubes».García exhibe su talente dialogante. «Mira -dice-, te pondré un ejemplo. Cuando hay una final importante, los equipos se interesan por el arbitraje y se trata de llegar a un consenso. Bueno -puntualiza-, el que decide es el presidente del los árbitros, pero se escucha». El presidente también está satisfecho con Basketgal, la cena en la que la reparte los honores anuales -«una fiesta de todos» -, y a la que algunos califican como un reparto de prebendas. «A mí -asegura Renda- Paco me prometió la medalla de oro y no sé qué más si le presentaba mi dimisión. Le dije lo que podía hacer con ella...».Tito Díaz, uno de los jugadores más emblemáticos de la historia del baloncesto gallego y actual entrenador del San Narciso Peixe Fresco -líder de la EBA y un ejemplo en el trabajo con las categorías inferiores- resume la situación actual de forma contundente: «Todo el mérito, si es que lo tiene, del baloncesto gallego reside en los clubes y en las personas que arriesgan su dinero. En la federación ni confío ni sé lo que hace. Para mí no existe».