El sudor traspasa fronteras

El Benfica sigue negociando la incorporación del técnico murciano, que se encuentra en dique seco desde la eliminación de España en el Mundial 2002.


redacción

La arruga es bella y el sudor exportable. Al menos, el sudor español vende en Portugal. El Benfica negocia la incorporación de José Antonio Camacho. La prensa lusa da por hecho el acuerdo. El de Cieza, escarmentados por anteriores episodios, prefiere la prudencia. «Me siento honrado por el interés demostrado, pero no hablaré hasta que esté todo cerrado», explicó ayer.Camacho podría asumir el desafío de entrenar a un conjunto que tiene que moverse en la zona alta de la tabla. Galones obligan. Una situación novedosa para un hombre que ha forjado su prestigio como impulsor del ascenso a Primera del Rayo Vallecano de Ruiz Mateos y el Espanyol, al que metió en la Uefa. El presidente retó a su técnico a salir a la calle con él para comprobar a quién de los dos reconocían más personas. Ganó el ex madridista. Ruizma supo que había acertado... al menos en lo que se refiere al márketing.Después Camacho fracasó en el Sevilla de Tsartas y José Mari, pero ya se había ganado en las agendas de otras escuadras a fuerza de látigo. Porque todavía quiere trasladar a la batuta un término algo trasnochado y heredado de su etapa como fiero jugador y legítimo representante de la furia española: la testiculina . Aunque cueste una afonía semanal o ser el protagonista de los resúmenes de la jornada por devolver al campo a Roberto Fresnedoso, que había sufrido un pequeño corte, a base de gritos.Valdano acuñó el término de camachitos para referirse a los cachorros del murciano cuando éste entrenaba a los periquitos . El «vamos a sufrir para luego poder disfrutar» es el lema de trabajo de Camacho, basado en eso de que sudar la camiseta o la camisa, según la posición, no sea una simple expresión.Ahora predica el mandamiento que cumplió como lateral izquierdo en el Madrid, al que llegó con 18 años para cobrar un millón de pesetas por tres temporadas y comprarle a su padre la ebanistería en la que trabajaba. Cumplió su sueño de jugador, etapa en la que se abonó al brazalete de capitán. Como entrenador, primero ejerció técnico de los juveniles y como ayudante de Alfredo di Stéfano en el primer equipo, aunque los malos resultados provocaron un relevo en favor de Radomir Antic, al que los buenos resultados no le sirvieron de nada. Años más tarde firmó un efímero paso por la entidad madridista porque no pudo llevarse al club a su preparador físico, Carlos Lorenzana. Por ello se adivina que aún hay una espinita clavada en su corazón blanco.Con estos antecedentes de líder implacable, parecía el candidato perfecto para infundirle a la selección la dosis de carácter que le empujara un peldaño más arriba en las competiciones internacionales. Pero el combinado español es ese gran monstruo que se dedica a devorar las expectativas de los aficionados y el crédito de los entrenadores. Camacho debutó con una victoria en un España-Rusia (plato para nostálgicos de otros tiempos) en el 98. Después superó los trámites de las fases clasificatorias de la Eurocopa y la Copa del Mundo y mantuvo la tradición de caer en cuartos de final ante Francia en el torneo continental y ante Corea en el Mundial.Defraudaron las actuaciones de su equipo y sus decisiones. Desterró para siempre a Molina tras un error puntual ante Noruega en el 2000. El entonces seleccionador, cuyo padre jugó de portero, no tuvo piedad con este meta. Sin embargo arropó a Cañizares, que viajó a Corea después de destrozarse el pie al intentar controlar una presunta botella de perfume, y confió en un Mendieta extraviado.Se despidió después de la derrota en la tanda de penaltis ante Corea del Sur, cuando España tiró a la basura la gran oportunidad de alcanzar las semifinales. El mismo punto y final de toda la vida. A Camacho siempre quedará la excusa del arbitraje, pero nunca le quedará Tokio. Tal vez Lisboa...

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