El Celta se quema con una nueva derrota a domicilio

La Voz

DEPORTES

J. C. CÁRDENAS

El partido perdido en Villarreal es el octavo consecutivo lejos de Balaídos El Celta pasó de lo que podía ser un simulacro de incendio a ver como la hoguera ya está prendida. El buen juego ya no sirve para paliar los malos resultados y la derrota en Villarreal conduce a los celestes a un abismo de terror. Ahora Balaídos será una caldera y toda la presión se centrará en el próximo choque ante el Zaragoza. Por una vez la alineación céltica parecía cantada, sin embargo Víctor Fernández sorprendió con el premio a Edú y el banquillo para Gustavo López. El brasileño fue el jugador más destacado en la victoria viguesa de Leganés y pegado a la izquierda encontró su sitio entre los titulares.

14 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Por fin los celestes utilizaban un equipo lleno de garantías y con la experiencia necesaria como para salvar una dura jornada y de probables consecuencias en el futuro. La salida al campo del conjunto vigués fue muy esperanzadora. La razón principal estribaba en Mostovoi. El ruso sigue siendo el estandarte que puede conducir a este equipo a recuperar su mejor fútbol y su participación activa es la fórmula ideal para intimidar al rival. Sin reacción Si el capitán celeste juega, sus compañeros cobran sentido y entonces relucen con el brillo de otrora. Primero Karpin y luego Catanha pudieron adelantar al cuadro vigués en el marcador y aunque no lo hicieron si dieron al rival motivos como para asustarse. El Celta una vez más actuando como visitante parecía el local. El Villarreal se limitó a contener y utilizar el contragolpe como único argumento ofensivo. Jorge López y Calleja por ambas bandas eran los encargados de dar trabajo a Pablo Cavallero con sus centros. Este empleo del contrario para sus mejores bazas de ataque cogió vida para el «submarino amarillo» con un torpedo de su central Unai. Un potentísimo disparo que cogió efecto superó a la barrera celeste y se alejó en el fondo de la meta olívica. Los célticos especialistas en encajar goles a balón parado recibieron de la forma más inesperada el primer tanto del partido. La imagen de la mala colocación de la barrera como sucedió en el Bernabéu se repetía como ya había sucedido en el Santiago Bernabéu con el tanto conseguido por Roberto Carlos. Este gol podía construir un mazazo anímico para un equipo que llevaba siete derrotas consecutivas lejos de Balaídos. La solución era seguir por el mismo camino y no caer en el desaliento. Amparándose en el sentido de la lógica Víctor Fernández sabía que tenía que hacer cambios en el descanso. Entonces Gustavo López entró en juego pero el sacrificado fue Vagner. Esto llevó a Karpin al doble pivote y a Edú a la banda derecha. Todo este ajuste estuvo a punto de irse al traste cuando en el primer minuto de la segunda parte, otra vez a balón parado, y con dos opciones de remate los locales pudieron hacer su segundo gol. La doble intervención de Pablo Cavallero lo evitó y el Celta pudo mantenerse en el partido, aunque sin la reacción suficiente para hacer pensar que llegaría el empate.