Heras sentencia la Vuelta con una exhibición en El Angliru

BENITO URRABURU. Colpisa RIOSA. ENVIADO ESPECIAL

DEPORTES

MONDELO

CICLISMO / VUELTA A ESPAÑA Roberto Heras ha entrado en la leyenda de las grandes gestas del ciclismo mundial en la última década y el equipo Kelme convirtió en un espectáculo blanquiverde las carreteras de Asturias. Hay que remontarse muchos años en el tiempo para encontrar un potencial semejante de un grupo en montaña. Kelme es el equipo más fuerte del mundo en este tipo de etapas.

12 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Heras dinamitó la subida a El Angliru, donde venció el italiano Gilberto Simoni, ganador de la etapa reina del Giro de Italia de este año, en Bormio. Simoni surgía de entre la niebla y llegaba a una cima en la que lucía el sol. «A tres kilómetros de la meta me he dicho que no daba más pedales. Es el puerto más duro que he subido en mi vida, más que el Mortirolo» comentaba el vencedor. Cuando el italiano ganaba, Igor González de Galdeano ya había dicho adiós a la Vuelta. Se bajó en el pueblo de la Vega, a 28 kilómetros de el alto. Pero la Vuelta a España, el ciclismo mundial, iba a tener otro nombre. Heras realizó una cronoescalada en los trece kilómetros de ascensión. Le quedaba sólo Escartín, que atacó a falta de nueve kilómetros para la meta. Heras se marchó con el aragonés y Casero cometió un error: seguir a los escaladores. Nunca se debe saltar a los latigazos de los reyes de las cumbres. Te revientan, y eso le pasó a Casero. Se ahogó muy rápido. La ayuda de su compañero Huser sólo duró unos instantes. Heras comenzaría a escribir con su nombre en una de esas gestas que perdudarán para siempre. Quedaban 7.700 metros y el bejarano, que llegará vestido de amarillo a su tierra, a Salamanca, a Bejar, se fue detrás de Tonkov. A partir de ese momento luchó contra él mismo, pidiéndole a su cuerpo unas exigencias sólo al alcance de un fuera de serie en montaña. Las diferencias crecerían kilómetro a kilómetro. La Vuelta quedaba sentenciada.