Premio Nacional de Narrativa para Julio Llamazares y la memoria bélica paterna

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Julio Llamazares durante el recorrido que hizo para presenta la novela «El viaje de mi padre»
Julio Llamazares durante el recorrido que hizo para presenta la novela «El viaje de mi padre» Jeosm | Efe

El escritor leonés recreó en «El viaje de mi padre», trazando un alegato de paz, el periplo forzoso de su progenitor como soldado durante la Guerra Civil

03 oct 2026 . Actualizado a las 12:11 h.

Julio Llamazares (Vegamián, León, 1955) se ha ganado hace tiempo un espacio intransferible en la literatura española, no solo por esa voz propia, sobria, sosegadamente forjada, sino también por su mirada. Una mirada que propugna la observación tranquila y que estaba prácticamente sentada en su primera novela —Luna de lobos, 1985—, donde ya se mostraba como un escritor perfectamente maduro. Una mirada que está marcada, en gran medida, por los territorios que frecuenta y ausculta con esa tranquilidad impertérrita que solo puede proceder de quien ha tallado su vista, desde la infancia y la adolescencia, en los pueblos de León anegados por la presa del río Porma, ajena al ajetreo y la preeminencia urbanos y con la conciencia preclara de que el mundo establece enseguida quiénes han de ser las víctimas del olvido. No son ajenas, por cierto, a su escritura las herramientas más nobles del periodismo, una cierta distancia que no perjudica la capacidad de escuchar las distintas partes en juego —y no necesariamente en un conflicto.

Es también crucial en la literatura de Llamazares el hecho de que bebe sin hartazgo de los manantiales de la memoria, desechando a menudo las aguas de los ríos principales de la historia para detenerse en los afluentes menores de los que otros evitan ocuparse, en los personajes secundarios sin protagonismo en el gran recuento del pasado. El medio rural abandonado, los desplazados, ya sea por las migraciones o los embalses, por la necesidad acuciante o por la obligación impuesta y el impacto de la Guerra Civil son sus escenarios narrativos preferentes, aunque en modo alguno ha sido esquivo a otras manifestaciones tan decisivas en la vida humana como el paisaje y el patrimonio artístico.

Todo ello ha valorado en el libro El viaje de mi padre (Alfaguara) el jurado del Premio Nacional de Narrativa 2026, reunido ayer, para concederle el galardón que convoca el Ministerio de Cultura y está dotado con una bolsa económica de 30.000 euros. Se trata de una obra que sigue el periplo de 800 kilómetros de Nemesio, que, a sus 18 años, cursando Magisterio, se alista en el Ejército —sin pasión militarista alguna, creyendo que era lo que menos le perjudicaría— y, por sus estudios, acaba de radiotelegrafista en escenarios tan terribles como el frente de Teruel. El fallo subraya el «profundo calado memorialístico y humano» de un relato con que el autor emociona y «donde los recuerdos, las heridas y tantas preguntas sin respuesta muestran cómo las huellas de la guerra perviven en un territorio».

El jurado ensalza la manera en que logra combinar con maestría «la evocación personal y la dimensión histórica, revelando que los desplazamientos geográficos marcaron la identidad de varias generaciones. A través de una prosa poética, depurada y sobria, los paisajes y los personajes se convierten en los verdaderos protagonistas de un viaje en el tiempo que anuda espacio, pasado y literatura, aportando una mirada honesta, sin épica, vinculado a su lado más humano».

Concluye el fallo que el libro, con su gran sensibilidad, invita a «reflexionar sobre el paso del tiempo y los vínculos generacionales, transformando una experiencia individual en una rebelión íntima contra el olvido y la desmemoria. Una travesía de redención que ratifica a Llamazares como una de las voces clave de nuestras letras, poseedor de una facultad única para hibridar géneros, conmover al lector y fundir la geografía con el alma humana». Una obra que Llamazares ha calificado como un «un alegato por la paz» en tiempos aciagos.

Precisamente, ayer, viendo «de reojo» el debate sobre vivienda en el Congreso, recibió Llamazares la noticia del premio y se mostraba preocupado. «Esa agresividad que destilan las instituciones, los políticos y también la calle... —confesó a Efe—. A mí España me empieza a dar miedo y Europa me empieza a dar miedo». «Están soplando en Europa y en España vientos muy oscuros —incidió— y parece que la gente se olvida de que nunca estamos a salvo de todo, hagamos lo que hagamos».

El autor admitió su asombro por un galardón que llega después de más de 50 años de trayectoria: «Nunca había tenido ningún premio así, institucional, y, bueno, comercial tampoco, porque no me presento, así que me ha pillado por sorpresa pero me alegro mucho y lo agradezco mucho», dijo para añadir que nunca trabaja pensando en distinciones: «Escribo por aquello que decía alguien de purgar el corazón; el mayor premio, sin desmerecer este reconocimiento, es que la gente te lea y te siga», concluyó.