«La fuga de Tolstói», hermosa crónica de Alberto Cavallari sobre el último viaje del escritor ruso

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Retrato de Tolstói. A la derecha, portada del libro de Alberto Cavallari.
Retrato de Tolstói. A la derecha, portada del libro de Alberto Cavallari. Cordon Press / Rosita y Amparo Editores

El libro relata la huida nocturna de Yásnaia Poliana el 27 de octubre de 1910 del autor de «Guerra y paz» y cómo llega cuatro días después a la estación de tren de Astápovo, donde morirá a causa de una neumonía una semana más tarde

30 ago 2026 . Actualizado a las 20:01 h.

Las dimensiones ciclópeas que alcanza la figura de León Tolstói exceden la importancia de su obra literaria, que es muy grande. El temperamental personaje, las muchas vidas que vivió intensamente, sus cambios, su tronante personalidad, su erudición, su capacidad reflexiva, su visión social... En fin, la quintaesencia sublimada del espíritu ruso. Y fue así hasta sus horas declinantes. A sus 82 años, la noche del 27 de octubre de 1910, desvelado, disgustado por la pobreza que en su bienestar lo rodea, harto de la tormentosa, envenenada y destructiva relación conyugal que mantenía con Sofía Behrs —Sofía Andréievna Tolstaia, esposa y madre de sus trece hijos, con quien comparte 48 años de matrimonio—, decide marcharse en plena noche, abandona intempestivamente la propiedad de Yásnaia Poliana —no lejos de Moscú y donde nació, creció y envejeció— y emprende una extraña huida hacia el sur que da poco después con sus maltrechos huesos en la estación de Astápovo, donde morirá a causa de una neumonía el 7 de noviembre. Lo acompaña en este patético viaje —para el que el conde cogió apenas 39 rublos, el gabán y el sombrero— su médico personal Dusán Makovicki, su hija Sasha y la amiga de esta, Bárbara. Pero ambas regresan a casa tras comprobar cómo los dos hombres suben al tren en Schókino. De ese periplo en ferrocarril, con sus paradas y hospedajes, que se prolonga cuatro días, en una búsqueda de libertad —rebelde, desesperada, inútil y un tanto infantil— se ocupa el periodista y narrador italiano Alberto Cavallari (Piacenza, 1927-Levanto, 1998) en su relato La fuga de Tolstói, que, en cambio, desatiende el tiempo último que el escritor, ya afiebrado, pasó en la pobre habitación de ladrillo rojo en que lo acoge en su vivienda familiar Ozolin, el jefe de estación de Astápovo. Cavallari trabaja con materiales como testimonios, diarios, biografías, cartas... y sirve una hermosa crónica de la contradicción utópica que agitó la vida de Tolstói hasta la expiración.