«Es necesario navegar», la singladura literaria que el escritor Javier Peña lleva a escena en Galicia
CULTURA
La Sala Capitol de Santiago acoge este jueves, 2 de julio, un proyecto entre el pódcast, el monólogo y el teatro
30 jun 2026 . Actualizado a las 13:29 h.El mar se lo llevaba ocho meses al año. Por eso, la descripción de Javier Peña (A Coruña, 1979) hay que narrarla con la tinta invisible de la ausencia, del impacto de las despedidas, las bienvenidas, la nostalgia y la mitificación de ese Ulises que era su padre, un marino mercante que le dejó en herencia no solo el amor por las historias, sino una ruta, Holanda-Sudáfrica, en cuyos puertos se refugia la literatura. La ruta de sus últimos años es el itinerario de Es necesario navegar, una propuesta a medio camino entre el pódcast, el monólogo y la obra de teatro. Una singladura por los mares de la literatura que, tras atracar en Barcelona y Medellín, el próximo jueves 2 de julio recalará en la Sala Capitol de Santiago.
«Creemos que hoy en día, en esta época de la inteligencia artificial, es importante estar en contacto», dice Javier Peña sobre un viaje por la literatura que, como toda buena travesía, se traza sobre un mapa y cuyo contenido cabe en una maleta. Es importante verse las caras sin una pantalla de por medio, conocer la gestualidad y el lenguaje no verbal de esa voz que acompaña a miles de personas —acaba de alcanzar los cien mil seguidores— a través de la invitación sencilla del pódcast Grandes infelices: imaginad una novela con esta trama.
«El mar es un auténtico caladero de historias», prosigue Javier Peña, colaborador de La Voz de Galicia. El mismo mar con el que se reconcilió mientras escribía Tinta invisible, su último libro, una carta de amor a su padre y a la literatura a través de las historias que compartieron. Y Peña, con ademanes de juglar, va ahora parando en este y aquel puerto para, aderezada con objetos, con fotografías, con recuerdos, contar una historia sobre Virginia Woolf, sobre Poe, sobre Defoe, sobre Mary Shelley... autores que eran los favoritos de su padre.
«Queremos aprovechar lo que nos da estar con la gente», explica el escritor, y, por eso, porque la experiencia individual de escuchar el pódcast se colectiviza, se está programando en salas íntimas, lugares especiales que contribuyan a una atmósfera familiar en la que «la gente sienta que esa historia se la están contando a ellos al oído y la están compartiendo con otros».
«Pues a ver con qué sorprende Javier Peña», decía la gente en la cola del estreno en Barcelona. «Realmente, yo tampoco sabía qué esperar», confiesa el autor. «Se creó una atmósfera increíble» en un espectáculo de una hora que supo a poco. A muy poco. «Fue muy emocionante, mucho, contar una historia personal, pero también una historia de literatura y llegarle a la gente». Tanto que, cuando, al remate, las luces se encendieron, parte del público estaba llorando.
«Quiero buscar esa misma conexión», dice Javier Peña sobre las próximas funciones. Y, quizá, repetir ese instante en el que la luz de la mesa se enciende y el murmullo se apaga, expectante, dispuesto a imaginar otra novela, otra trama. La de Santiago, además, es especial, porque buena parte de sus recuerdos están teñidos del carmesí característico del interior de una Sala Capitol que el próximo 2 de julio verá desde el escenario. «Aquí venía cuando era un pub, en los años posuniversitarios, y he estado en muchos conciertos», recuerda.