Bad Bunny rectifica tras las críticas y añade más diversidad en La Casita

LA VOZ REDACCIÓN

CULTURA

Una imagen de La Casita en su concierto del sábado en Madrid.
Una imagen de La Casita en su concierto del sábado en Madrid. Ricardo Rubio | EUROPAPRESS

Tras la polémica por la selección de bellezas y cuerpos normativos para la exclusiva área de sus conciertos, el artista cambió el criterio en el recital de Madrid de este martes

03 jun 2026 . Actualizado a las 19:11 h.

La Casita, esa suerte de zona VIP exclusiva que Bad Bunny ha convertido en una de las partes centrales del espectáculo de su gira Debí tirar más fotos, ha sido el mayor centro de atención de los conciertos del puertorriqueño en España. Por ese área se han pasado rostros famosos como los de Ester Expósito, Martiño Rivas, María León, la empresaria Marta Ortega o deportistas como Lamine Yamal o Mbappé. Pero también personas anónimas, con unas características, eso sí, muy definidas: todas ellas con cuerpos normativos, delgadas, atléticas, siempre dentro de los cánones de belleza. La crítica estaba servida. Y, por ello, tras sus recitales en Barcelona y sus dos primeros días en Madrid, el artista parece haber rectificado en esos criterios estéticos.

Todas las miradas estaban puestas, un día más, en La Casita. Había rostros conocidos, como los futbolistas Marcelo Vieira y Achraf Hakimi, la influencer Lola Lolita o el actor de Stranger Things Noah Schnapp, pero faltaba por ver qué anónimos eran esta vez los seleccionados por los reclutadores del puertorriqueño. Y, en esta ocasión, el cambio en el criterio de selección fue notorio. Personas maduras, mujeres que esta vez sí usaban tallas mayores de las que marcan los cánones más estrictos, parejas con bellezas no normativas... Todas ellas con el espíritu y la estética caribeña que marcaba la ocasión; aunque, por primera vez, se podía ver una verdadera diversidad en esta parte tan selecta, y no solamente cuerpos cortados por el mismo patrón estricto.

También aprovechó Benito Antonio Martínez Ocasio para rectificar en otro tema que había marcado la polémica en sus primeros días, cuando invitó solo a rostros muy famosos, como el streamer Ibai Llanos, a decir su icónica frase «Acho, PR es otra cosa». En el concierto del martes, el puertorriqueño subsanó su error, dándole la palabra a una persona anónima del público, que seleccionó de las gradas.

El debate sobre Bad Bunny no dejó de intensificarse en los últimos días. El artista, que siempre se ha vendido como defensor de las causas sociales, de la diversidad y en su crítica, especialmente en su último disco, al imperialismo, fue tachado de hipócrita por convertir sus propios conciertos en una oda a la desigualdad, al culto a las élites y al aspiracionismo como meta y forma artística. Entre quienes lo criticaban estaban los que ya le tenían ganas tras sus declaraciones políticas anti-Trump y progresistas, pero también muchos de sus defensores hasta ahora tuvieron que admitir la incoherencia de su ídolo.

La controversia parece haber hecho reaccionar al cantante y a su departamento de comunicación, que evidentemente le han dado un toque al responsable de la selección de los elegidos para cambiar de estrategia. De la función s ocupa un hombre de la máxima confianza del cantante, Jeremy Villanueva, conocido como Jere, que elige entre las personas con ciertas características y que sean muy fans del artista, ya sean famosos o anónimos.

No hay para esta zona una entrada especial ni un pase de primera clase, sino un reclutamiento in situ por parte de este asistente de producción que, desde la distancia, les indica a los miembros de seguridad y producción que que se internen entre el público para que suban al escenario a los elegidos. Lo hacen nada más empezar el concierto, cuando Bad Bunny aún está actuando en el escenario principal. Y ahí se meten en el interior de La Casita, donde disfrutan de bebidas, snacks y pueden ver el concierto. A mitad de concierto, el artista se desplaza hacia esa zona y es en ese momento cuando todos salen al porche, convirtiéndose en el centro de atención de los miles de personas del recinto.