El artista puertorriqueño ofreció un vibrante y contundente espectáculo de casi tres horas. Mbappé, Ester Expósito, Ana de Armas, Martiño Rivas, Chiara Ferragni, Marta Ortega y Carlos Torreta, en La Casita
31 may 2026 . Actualizado a las 10:30 h.La estampa en la enorme pantalla del Metropolitano tenía algo de familiar para los madrileños. Un hijo le decía a su madre que Bad Bunny iba a cantar en Madrid y que iba a estar «mazo guay». La mujer, de unos cuarenta y tantos, le explicaba que ya lo vio hace unos años y que fue una de las mejores noches de su vida. Pero le prometía que, si finalmente acudía a la capital, irían juntos a cantar «todas las canciones». Acto seguido, madre e hijo recitaban los versos hablados con los que arranca LA MuDANZA y que resumen el origen de Benito Antonio Martín Ocasio. Dos generaciones unidas por Bad Bunny. En el concierto, con el primero de los diez sold out que ha logrado en Madrid, pudimos contar más. Con un traje color crema, el artista emergía del interior del escenario y el Estadio Metropolitano estallaba enfervorecido. Ataviado con unas gafas de sol tintadas de púrpura, el puertorriqueño cerraba los ojos, como absorbiendo la energía de todo el gentío, y se tomaba su tiempo para esbozar una enorme sonrisa. «Benito, Benito», coreaba una multitud que ya se había rendido, sin dar una sola nota, ante la estrella musical más importante del momento. El Conejo Malo los retaba, inspeccionando de derecha a izquierda todo el estadio. «¡Por fin aquí en Madrid!», gritaba justo al comenzar la primera canción de un concierto que rozó las tres horas y que se dividió en tres actos.
Jugó Bad Bunny con dos escenarios, cada uno ubicado en uno de los extremos del estadio. El principal, coronado por una gran pantalla panorámica y otras dos verticales, colocadas en cada flanco y orientadas hacia los espectadores con peor visibilidad, era un espacio diáfano: una plataforma que daba cabida a los quince músicos —una bajista, un pianista, coristas, percusionistas y vientos— con los que desgranó buena parte de DeBÍ TiRAR MáS FOToS, su último y exitoso álbum. «Aprieta, chamaquito, que llegamos a Madrid», decía pletórico mientras un operario recogía todos sus movimientos con una steady cam en el escenario, mientras otras cámaras robotizadas lo seguían desde fuera. Fue una realización magnífica y de corte cinematográfico, que a menudo mostraba la espalda de Benito ante la inmensidad de un público que no dejaba de corear todas sus canciones.
Y eso que esos primeros minutos no estuvieron exentos de problemas. Su voz en temas como LA MuDANZA, Callaíta o PiToRRO DE COCO apenas se distinguía del magma popular. La cosa, afortunadamente, se fue reconduciendo. «Buenas noches, Madrid. Voy a estar esta noche con ustedes. Espero que me traten bien, por favor. ¿Quién recuerda la última vez que estuve aquí? En verdad ha pasado tanto tiempo que se me había olvidado que había gente tan linda en Madrid. Necesito que me recuerden cómo es Madrid», decía a sabiendas de que el estadio se iba a venir abajo.
Con WELTiTA, junto a Chuwi, la banda puertorriqueña que hace las veces de telonero durante toda la gira, preguntó «quién le iba a dar una vueltita por Madrid» y en TURiSTA demostró que su nasal y baritona voz también puede sonar delicada, encantadora y romántica. «Este show apenas está comenzando. La noche no ha caído todavía y la única razón por la que volví a Madrid era para reconectar con ustedes después de tantos años. Este show es bien simple, se trata de disfrutar de las cosas pequeñas de la vida: cantar, bailar, reír, llorar, sudar y pasarla bien. Ustedes son los únicos que tienen el poder de convertir esta noche en algo mágico. Madrid, baila y ama sin miedo», pidió tras siete años sin pisar la capital española.
Cerró este primer acto, que fue de menos a más, con una excepcional versión de la brillante BAILE InoLVIDABLE, con la que demostró que no tiene ningún problema en ceder el protagonismo a sus músicos cuando es menester, y una divertidísima NUEVAYoL, que le sirvió también para presentar a los instrumentistas. Para entonces, las cámaras fotográficas —en realidad unas tarjetas con luces led que habían repartido a los espectadores— y las cuatro torres repartidas por el foso, con luces y pirotecnia, funcionaban ya a pleno rendimiento.
Oscuro y sensual
Por La Casita, el segundo escenario del show, una estructura que imita las tradicionales viviendas de Puerto Rico, vimos desfilar a Michael Jordan, Mbappé, Ester Expósito, Ana de Armas, Martiño Rivas, Chiara Ferragni, María León y hasta a Marta Ortega, presidenta de Inditex, junto a su marido Carlos Torreta. El concierto, hasta ese momento elegante y con un pie puesto en la tradición, se volvió más oscuro, hedonista e intenso. La electrónica, el rap, el trap y el reguetón se dieron la mano en un segmento donde la música pregrabada tomó las riendas y en el que la iluminación —caía ya la noche— se adueñó de la escenografía. Canciones como VeLDÁ o Tití me preguntó, con Benito ataviado con una gorra, pantalones cortos y la chaqueta de un chandal, sacudieron al público sin compasión. «Llevaba mucho tiempo sin venir a Madrid, pero este verano lo paso con ustedes y es una fiesta», repetía Bad Bunny.
Y llegó, sin que nadie se lo esperara, el momento más anticlimático de la noche. Un besamanos, con el gentío que rodeaba La Casita, que superó los quince minutos. Abajo, se lo gozaban: su estrella, a dos manotazos. Histeria, nervios, lloros. Benito estaba decidiendo quién iba a decir «Acho PR es otra cosa», la frase que da comienzo a VOY A LLeVARTE PA PR. Hubo besos, abrazos, confidencias, selfis... A lo lejos, nadie se pispaba de nada porque la realización había cortado los micrófonos. Hay que respetar la privacidad, pero en las gradas el público se impacientaba. A veces Bad Bunny parecía el Bono mesiánico de U2, el del Live Aid de 1985, con todo lo bueno y lo malo que conlleva esa afirmación.
Fue, sin embargo, el fragmento que más disfrutaron los fans de toda la vida del de Bayamón. Sonaron Me porto bonito, Bichiyal, Yo perreo sola— «que viva el perreo y que viva Madrid», dijo— Efecto, Safaera, Diles o MONACO, con el sample disfrutón de Hier Encore de Charles Aznavour, que Bad Bunny dedicó a quienes creyeron en él «desde el primer minuto». El broche a esa sección fue la irrupción de Myke Towers, con Adivino, que luego convirtió en un popurrí de varios de sus temas. El segmento acabó con una espectacular versión de CAFé CON RON junto a Los Pleneros de la Cresta, percusionistas y cantantes que sirvieron de puente al fin de fiesta en el escenario principal.
Fin de fiesta
El último segmento del concierto lo hizo ataviado con guantes, pantalones vaqueros, sudadera y un sombrero ushanka. Con ellos interpretó Ojitos lindos y La canción, con la que el público se volvió loco. La KLOuFRENS mostró lo que ya se intuye, y DÁKITI y Yonaguni fueron coreadas sin contemplación. Pero fue con El apagón, con varios bailarines sobre el escenario y acerca del maltrato que recibe la isla, y DtMF, cuando la gente directamente lo gozó. «Siempre voy a recordar esta noche como la noche en la que regresé a Madrid. Muchas gracias por estar aquí, gracias por esperarme tanto tiempo y por mantenerse queriéndome, escuchando mi música y creyendo en mí, y gracias por traerme de vuelta con mi música, mi esencia y mi cultura. Que cuando vuelvan a escuchar estas canciones les transporte a este momento, este día y esta noche y no se olviden de disfrutar las cosas sencillas de la vida». No lo haremos.