La escritora argentina Samanta Schweblin gana el Premio Aena de narrativa con «El buen mal»

Miguel Lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

El presidente de Aena, Maurici Lucena; la escritora argentina Samanta Schweblin y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, en la gala de entrega del Premio Aena
El presidente de Aena, Maurici Lucena; la escritora argentina Samanta Schweblin y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, en la gala de entrega del Premio Aena Quique García | EFE

El fallo del galardón, dotado con un millón de euros, ha sido anunciado por la presidenta del jurado, Rosa Montero, en un acto celebrado en Barcelona

09 abr 2026 . Actualizado a las 13:20 h.

El buen mal es el libro ganador del «millón literario» del premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, el controvertido galardón que falló este miércoles su primera edición. Su autora, la argentina Samanta Schweblin, se impuso por mayoria a Enrique Vila-Matas, Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández y Marcos Giralt Torrente. Paradojas del orbe editorial, el premio que planta cara al Planeta recayó en un novela de Seix Barral, potente sello del todopoderoso grupo editorial. Cabría decir que Planeta también «gana» el premio Aena.

Cinco narradores —dos españoles y tres hispanoamericanos— se diputaban el apetitoso premio recién creado por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena). Los otros libros en liza eran Canon de cámara oscura, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral) Ahora y en la hora, de Héctor Abad Faciolince (Alfaguara); Marciano, de Nona Fernández (Penguin Random House) y Los ilusionistas, de Marcos Giralt Torrente (Anagrama).

«Literalmente me siento como si acabara de bajar de una ruleta», dijo la ganadora. «Parece que el mundo se cae a pedazos y nosotros insistimos en seguir celebrando la literatura, la importancia de las historias que nos contamos» agregó. «Creo que no hay de verdad ser humano circulando por este mundo que no esté cruzado y comandado por las fuerzas de las historias. La literatura no cambia las cosas de un día para el otro, no salva vidas, no alimenta a los famélicos, no da respuestas, pero es el minúsculo timón que responde al volante para que el buque llegue a un continente o a otro» aseguró la ganadora. «Lo que celebramos hoy de cara a un mundo quebrado y violentado por unos pocos es la contrafuerza. La conexión con nosotros, la empatía, el sentido común, parafraseando a la poeta polaca Wislawa Szymborska: peor que ponerse a leer y a escribir en un momento como este sería no ponerse a leer y a escribir en un momento como este».

Rara, extraña, espeluznante, escalofriante, inquietante, sorprendente. Son adjetivos asociados a la literatura de la argentina Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978), narradora para quien «la normalidad es lo realmente raro». En El buen mal (Seix Barral) engavilla media docena de los relatos que la han convertido en una autora de autores elogiada por Siri Hustvedt y muchos otros colegas.

«Lo más raro es siempre lo más cierto», es la frase que abre el libro de Schweblin, para quien la literatura «es meterse en los zapatos del otro». «Quizá sea rara porque vengo de una familia de cuentos y cuentistas extraños. Mis abuelos lo eran y siempre me sentí el bicho raro y me pregunté por qué los demás querían ser normales, que es lo más raro que hay», insiste Schweblin, cuyos relatos se han traducido a cuarenta idiomas.

«Un buen libro es un corazón que late en el pecho de otro», sostiene la narradora bonaerense, para quien «las emociones perturbadoras son las que merecen la pena ser escritas». Escribe Schweblin «en porteño», aunque lleva 13 años viviendo en Berlín, rodeada de anglos, sajones e hispanos «que cambian mi forma de hablar y acaso de escribir».

Ganadora del National Book Award y del premio José Donoso, sus cuentos antologados en Pájaros en la boca y otros cuentos han aparecido en The New Yorker, Harper's Magazine, Granta, McSweeney's y The Paris Review. Su primera novela, Distancia de rescate (2014), fue nominada al Booker Internacional, obtuvo los premios Shirley Jackson y Tournament of Books como mejor libro del año en Estados Unidos. Fue llevada al cine por la directora Claudia Llosa. Su segunda novela, Kentukis (2018) fue nominada también al Booker Internacional. Siete casas vacías, otro volumen de cuentos, obtuvo los premios Narrativa Breve Rivera del Duero y el National Book Award en el 2022.

El Planeta era hasta ahora el premio de mayor dotación de las letras españolas —pareja a la de Nobel de Literatura—, que premia a una novela inédita y desde el mundo editorial, mientras que Aena lo hace desde el ámbito empresarial, distinguiendo a obras publicadas en español o lenguas cooficiales a lo largo del 2025. Presidida por Maurici Lucena, Aena tiene previsto invertir otro millón y medio de euros en la compra de los libros finalistas (entre 5.000 y 10.000 ejemplares de cada título) para repartirlos entre sus más de 11.000 empleados y donarlos a las bibliotecas de las ciudades donde tiene aeropuertos. Otra circunstancia que repercutirá indirectamente en la cuenta de resultados de Planeta, con sus dos finalistas de Seix Barral.

El objetivo del galardón es «fomentar la lectura y la creación literaria». Cuenta con los apoyos de la Fundación Gabo y la Cátedra Vargas Llosa y, a imagen del Booker anglosajón —con una bolsa de 57.000 euros— o el francófono Goncourt —con un dotación simbólica de 10 euros—, busca la mejor novela publicada y no lanzar nuevos autores o ratificar a veteranos.

Velada de altos vuelos para un premio que lleva la lectura al cielo

Como ocurre con el veterano premio Planeta —cumplirá 75 años el 15 de octubre—, el fallo del neonato premio Aena se dio a conocer en una multitudinaria velada literaria celebrada en el Museo Marítimo de Barcelona, la capital editorial española. Una ceremonia de altos vuelos para un premio nacido bajo el lema «leer es volar» que quiere llevar la lectura a los cielos. El acto tuvo como presentadores a Martina Klein y Josep Cuní y como gran invitado de honor al presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa.

El premio es «una musculosa iniciativa» nacida «con voluntad de permanencia», según el presidente y consejero delegado de Aena, Maurici Lucena, que reivindicó el derecho de la compañía pública a ejercer el mecenazgo. Rosa Montero presidió el jurado formado por Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández, Leila Guerriero, José Carlos Llop y Elmer Mendoza, que realizó in situ las últimas deliberaciones. Los periodistas Sergio Vila-Sanjuan y Jesús García Calero fueron sus secretarios. Jordi Amat, Nuria Azancot, Verónica Chiaravalli, Paula Corroto, Lara Hermoso, Anna María Iglesia, Daniel Marquínez, Antonio Martínez, Leandro Pérez de Miguel y Karina Sainz Borgo han sido los responsable del cribado para dar con los cinco finalistas.