Afundación mostrará la poesía visual del fotógrafo Chema Madoz en «La naturaleza de las cosas»

Héctor J. Porto REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Detalle de tres de las imágenes del fotógrafo Chema Madoz: árbol nube, cubito de hielo regalo y cerilla.
Detalle de tres de las imágenes del fotógrafo Chema Madoz: árbol nube, cubito de hielo regalo y cerilla.

La obra del creador madrileño llega el día 26 de marzo a Santiago de la mano de La Fábrica

26 mar 2026 . Actualizado a las 19:36 h.

A medio camino entre la instalación y la poesía visual —o el objeto poema, casi honrando a Joan Brossa— transita el trabajo fotográfico del artesano Chema Madoz (Madrid, 1958), un creador en la estela del pintor belga René Magritte y siempre dispuesto a la confluencia de lo cotidiano y lo inesperado. No en vano a él mismo le gusta presentarse como un «fotógrafo surrealista en blanco y negro». Eso es lo que podrá verse a partir del 26 de marzo y hasta el 29 de agosto en la sede de Afundación en Compostela en la muestra La naturaleza de las cosas, una selección de medio centenar de imágenes —tomadas entre los años 1982 y 2018— en que el autor dialoga con la naturaleza o procede empleando elementos naturales, que está comisariada por Oliva María Rubio y producida por la casa madrileña La Fábrica. Los reinos animal, vegetal y mineral son convocados en construcciones ilógicas —o todo lo contrario—, una nube como copa de un árbol, un cubito de hielo atado con un lazo de regalo, una cerilla con una llama oculta en un nudo de la madera, notas de música camufladas colgando de unas ramas, un cactus compuesto de pétreos cantos rodados... Son asociaciones insólitas que juegan a las semejanzas o a los contrastes, o a la pura ironía, cuestionando las funciones previstas por la convención y la utilidad.

Es un mago, sí, pero no esconde sus cartas ni sus trucos, un modo también de apelar a la complicidad del espectador, que pasa enseguida de la extrañeza a la sonrisa. Lo que tiene la creación de Madoz es que su intervención llega más allá de la propia mirada, componiendo sus piezas como si fuese un escultor o un travieso y caprichoso demiurgo.

Al inicio de su carrera, fotografiaba objetos en su casa porque no tenía focos ni equipo para plantearse otras producciones más ambiciosas. Con el tiempo, y apoyado en un ingenio amigo de la poesía y, diríase, también de la música, se convirtió en uno de los fotógrafos contemporáneos más relevantes, con un prestigio que traspasa las fronteras.