«Ser de fuera» en todas partes

María Viñas Sanmartín
maría viñas REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Raquel Delgado escribió en Galicia los nueve relatos que componen su debut literario, una indagación en ese extrañamiento perenne tan de hoy

22 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Alicia sabe que el pueblo ya no es «su sitio», que esas —sus amigas— ya no son «sus chicas». Aurora se pregunta si no tendrá razón su madre, si no será que a lo que siempre ha aspirado con tanta independencia es a una vida sin familia. Carmen asume que «nunca volverá a verse intacta», que «habrá otras desesperaciones», ninguna comparable, pero que todas —abstractas y concretas— pasarán. El extrañamiento anuda los nueve relatos que arman el debut literario de Raquel Delgado, que nació en Valladolid hace 35 años, pero lleva 14 en A Coruña, donde recaló en calidad de becaria y acabó echando raíces. «Es ya el sitio en el que más tiempo he vivido», calcula.

Aquí incubó Ser de fuera (Sexto Piso), un compendio de textos trabajados bajo la tutela de Aixa de la Cruz (Cambiar de idea, Las herederas) —a quien conoció en un taller literario—, que desde la pasada semana puede encontrarse en las mesas de novedades y que este jueves (a las 19.30 horas, acompañada de Berta Dávila) presentará en la librería coruñesa Berbiriana. Delgado, racimo de nervios, pregunta si el cosquilleo eléctrico de principiante se va; «igual no pasa nunca», se responde a sí misma.

Es espabilada, resuelta, y en plena efervescencia arranca a contar: «Los personajes de estos relatos o se han separado tanto del origen que ya no hay un origen al que volver o viven siempre a caballo entre dos mundos, entre dos cosas, siendo de fuera en los dos ámbitos en los que se mueven». Ese sentimiento de expulsión hermana a una serie de personajes, todas mujeres, todas alienadas, que poco o nada tienen que ver entre sí más que la distancia que las separa de lo que un día fueron o de lo que quisieran ser. Una madre convencida que de tanto privilegio ha criado a alguien extremadamente susceptible, una nieta que se siente culpable por pasar un duelo más corto de lo previsto, un grupo de amigas de la infancia que juntas ya no son felices pero que igualmente siguen siendo amigas, una tía que cuida a sus sobrinas mientras retrasa «la tarea reproductiva» hasta que se agote el tiempo, una recién parida que en el posparto vuelve a ser un bebé, «inconsistente, voluble, sin voz ni autoridad», mangoneada por la recién investida abuela.

Escribe Delgado tomando distancia, pero desde la experiencia. «En nuestra generación hay mucha gente que ha hecho vida desde muy temprano fuera de casa, nos vamos a los 18 años, a la universidad, y a medida que se van cumpliendo años lejos es complicado reconocerse como parte de este mundo que dejamos atrás, que ha sido abandonado hace tanto tiempo», comenta. Su intención al sentarse a escribir no era otra que hablar de vidas corrientes, de cosas comunes, dice, y sin embargo la mayoría de los capítulos contienen alguna que otra espina atragantada en la garganta, cierto tabú, piedras en el zapato. «Hay cosas de las que no hablamos habitualmente, o no con todo el mundo, pero por las que creo que prácticamente pasa todo el mundo de una manera o de otra —aduce—. Puede que, ahí, el lector se encuentre, se sienta identificado».

Ser de fuera bebe de los cuentos de Lydia Davis, Emma Cline, Julie Hayden y Lorrie Moore. Cita también ella como faros a Deborah Levy, Rachel Cusk, Natalia Ginzburg y Annie Ernaux. Ellas han graduado la mirada de Raquel Delgado, que ahora enfoca con lucidez los vínculos más básicos, escéptica, curiosa, impermeable a lo ideal. «Quería reflejar tanto lo bueno como lo malo, sobre todo lo real», afirma. Porque la intención no era explícita: los relatos, confiesa, fueron apareciendo, uno a uno, en sus ratos libres, sin ritmo ni método; uno le iba llevando al otro y este al siguiente. «Lo bueno del formato corto es ver el final cerca —dice—, pero eso no significa que sea fácil, porque los finales y los principios son lo más difícil a la hora de escribir. Un libro de cuentos supone volver a enfrentarse una y otra vez a un principio y a un final».