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El último vals de Robbie Robertson

x. f. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Robbie Robertson, en una imagen del 2019.
Robbie Robertson, en una imagen del 2019. Mario Anzuoni | REUTERS

Fallece a los 80 años el líder de The Band y colaborador de Bob Dylan y Scorsese

10 ago 2023 . Actualizado a las 12:58 h.

Compositor e intérprete, escudero y a la vez dotado de una voz propia, visionario pero pragmático, suma de todas las tradiciones musicales norteamericanas, incluida la indígena. Todo ello vale para referirse a Robbie Robertson, fallecido a los 80 años tras una larga carrera musical que corrió paralela a la segunda mitad del siglo pasado. La suya fue una de esas trayectorias de una contribución que no se vio reconocida en la medida que le correspondería por su trascendencia. Solo por ser partícipe de la electrificación de Bob Dylan —que cambió el rumbo de la música popular—, filmar con Martin Scorsese El último vals —posiblemente el mejor concierto retratado en cine— y componer The Weight —tema inmortal— se merece un lugar de honor entre los clásicos del rock.

Nacido en Canadá en 1943 de madre india, Robertson creció en una reserva cerca de Toronto. Como tantos adolescentes de su generación, se enamoró del rock'n'roll a través de la radio y en 1956 empezó a tocar con bandas locales. Poco después lo fichó la banda de Ronnie Hawkins, The Hawks, con la que giraría incansablemente por la costa oeste de Estados Unidos, una forja artística y de carácter equivalente a los años hamburgueses de los Beatles.

Con incorporaciones como la de Levon Helm, Rick Danko, Richard Manuel y Garth Hudson, The Hawks se independizaron y plantaron la semilla de lo que poco después sería The Band. La transformación llegó con la llamada que recibió Robertson para acompañar a Dylan, que había iniciado una serie de conciertos con una primera mitad acústica y la segunda eléctrica, para lo que necesitaba una banda. Robertson se negó a secundar a Dylan si no llevaba a sus compañeros. Juntos, giraron por Norteamérica, Europa y el Reino Unido, enfrentados a un público dividido entre el nuevo sonido y quienes veían una traición en los instrumentos eléctricos y la transición del folk al rock. Un buen documento sonoro de este tiempo es el concierto en el Albert Hall londinense en 1966, que no vio la luz oficialmente hasta 1998.

Tras sufrir su célebre accidente de moto, Dylan se retiró un tiempo de los escenarios. En 1967 convocó a Robertson y los todavía The Hawks a una casa cerca de Woodstock, unas sesiones que pronto se convirtieron en un secreto a voces. Tras varias ediciones piratas, en 1975 Robertson supervisó el disco The Basement Tapes con una selección de aquellas grabaciones, importantes para que Dylan recuperase el pulso tras su paréntesis, pero sobre todo para sus acompañantes, que emergieron de allí con un sonido y personalidad propios.

El primer anuncio de aquello fue el álbum Music from Big Pink, titulado así en recuerdo de la casa rosa donde habían tocado con Dylan y grabado sus propias canciones, entre las que se incluía la composición de Robertson The Weight, un clásico que tuvo su lugar de honor en un icono de la contracultura como el filme Easy Rider. Robertson firmaría otro tema clave, The Night They Drove Old Dixie Down, para el álbum The Band: solo un canadiense —como también sería el caso de Neil Young— podía abordar un tema tan espinoso y emocional como la derrota del Sur confederado.

Tras varios discos y nuevas colaboraciones con Dylan, las tensiones internas llevaron a The Band a resquebrajarse. Un gran concierto final les serviría para despedirse y, a iniciativa de Robertson, Scorsese filmaría su actuación en el Winterland Ballroom de San Francisco. El último vals, con la participación de Dylan, Muddy Waters, Clapton, Joni Mitchell y Neil Young, entre otros, ha quedado como el patrón oro en el que se miden todas las actuaciones filmadas posteriores.

En su carrera en solitario Robertson dejó una propuesta ecléctica donde confluyó la totalidad de la música popular americana, que no excluía los cantos de los indios nativos. Al mismo tiempo, colaboró con Scorsese en las bandas sonoras de Toro salvaje y Casino, entre otras. Su contribución a Killers of the Flower Moon, que está pendiente de estreno, queda como uno de los últimos trabajos de este gran clásico de la música.