«Esta sociedad ha pasado del baby boom al envejecimiento a la velocidad de la luz»

x. m. r. OURENSE / LA VOZ

CULTURA

cedida

La formación Cía. Marie de Jongh clausurará mañana la MIT de Ribadavia con un montaje sobre los cuidados y la familia

23 jul 2022 . Actualizado a las 07:59 h.

La Mostra Internacional de Teatro de Ribadavia encara su recta final tras un amplio programa de actividades que comenzó el pasado día 15 y que llegó en este 2022 con más de una veintena de representaciones, cursos, talleres, presentaciones y premios. AMA. La terrible belleza es el espectáculo de Cía. Marie de Jongh que clausurará la MIT 2022 y se podrá ver en el castillo de Ribadavia mañana, a las 23.00 horas. La obra cuenta la historia de Mario, un pintor que tiene que cuidar a sus padres y a una joven hija. Javier Renobales, Ana Isabel Martínez, Anduriña Zurutuza, Maitane Serralde, Amets Ibarra, Joseba Uribarri y Jokin Oregi protagonizan el espectáculo. Oregi es autor y director del montaje.

—¿Los cuidados son el reto?

AMA juega con su doble significado: el de madre y el imperativo del verbo amar. La obra es la historia de una familia y cómo hemos relegado el tema de los cuidados, tanto de los mayores como de las personas en general. También se aborda el papel de las mujeres, a las que se asignaba de forma importante este cometido, y el reto de esta sociedad que ha pasado del baby boom al envejecimiento a la velocidad de la luz.

—Cada vez son más las personas que mueren solas.

—En la sociedad moderna las personas mayores ya no interesan. Tampoco los adultos que no pueden rendir al 100 % en el mundo productivo. El que no pueda que se las arregle. Nuestra intención es, entre otras cosas, reflexionar sobre lo duro que significa la muerte y lo hermoso del cuidado mutuo.

—¿La máscara y la ausencia de texto marcan el espectáculo?

AMA es una obra sin palabras y en la misma utilizamos lo que nosotros denominamos la «máscara cero», que carece de cualquier rasgo o elemento que la humanice. Sin expresión ni palabras, lo que importa es el cuerpo y la figura de los personajes, los actores. El deambular entre el objeto y ser sujeto. Es un juego de plástica que dura todo el espectáculo. Creamos cuadros visuales con los personajes y sus movimientos. Para conseguir lo que buscábamos tuvimos la colaboración, la visión externa, del director Pablo Messiez y el diseño del espacio escénico de Elisa Sanz e Ikerne Giménez. Messiez ha sido fundamental para ir hacia unos derroteros más poéticos.

—¿Cómo ha sido la respuesta?

—De las críticas que hablan de un trabajo audaz y obra de arte a quien tiene dudas para comprenderla. No deja indiferente.