Alejandro Sanz: «No se puede hacer música con miedo sino con amor, libertad y riesgo»

Miguel Lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

«La música y mi guitarra me han salvado de casi todo», asegura Alejandro Sanz (Madrid, 1968), que confiesa que siendo un niño en la escuela fue víctima de «bullying» y malos tratos.
«La música y mi guitarra me han salvado de casi todo», asegura Alejandro Sanz (Madrid, 1968), que confiesa que siendo un niño en la escuela fue víctima de «bullying» y malos tratos. Ricardo Rubio | Europa Press

El cantante madrileño se autorretrata en un disco intimista, poético y flamenco con el que retorna a sus orígenes vitales y musicales

11 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«La música y mi guitarra me han salvado de casi todo», confiesa Alejandro Sanz (Madrid, 52 años). Le libró también del maltrato que sufrió «en algunas épocas» en la escuela. Así lo reconoce en Bio, uno de los diez temas de Sanz, el disco más íntimo y poético del cantautor. Es el décimo segundo álbum de su carrera y en él se autorretrata «sin trampa ni cartón». Compone nueve de los diez temas inéditos del trabajo —Manuel Alejandro, su padrino, firma el otro— y es otro escalón en su exitosa carrera, con más de 25 millones de discos vendidos y reconocida con 28 premios Grammys, 24 de ellos obtenidos en el certamen Latino.

«En el cole me sentía mal y lo disimulaba. Pero ya tenía mi guitarra, que es un arma invencible. Por suerte, al músico no le parten las manos. Yo tenía ese superpoder», dice hoy un risueño y triunfador Sanz cuando se le pide evocar aquel tiempo difícil, cuando el niño Alejandro Sánchez Pizarro ya soñaba con componer y vivir de su música. Cuenta en Bio que recibió muchos palos en el cole, pero aclara que el maltrato «no fue constante». «No había tanta conciencia sobre determinados problemas. Hay cosas que te afectan, y la verdad es que lo pasé bastante mal», dice hoy que ha conjurado los fantasmas con estribillos como este: «En la escuela me hice el malo / Creyendo que así no me darían más palos, / Pero me los llevé en la calle, / Y en el corazón y en los rellanos».

El barrio de Moratalaz

Íntimo, familiar, emotivo y flamenco, en este disco vuelve Sanz a sus orígenes musicales y vitales. Para que no quepa duda, quiso presentarlo en el lugar donde ofreció su primer concierto con 15 años, en el madrileño barrio de Moratalaz en el que vivía con sus padres. Allí se alza hoy una moderna escuela municipal de música inaugurada hace tres semanas. Algo que para el cantautor es «un acto de justicia poética».

«Bienvenidos a mi barrio; tiene su morbo estar aquí», saludó a los periodistas y admiradores reunidos en la multitudinaria presentación celebrada «en el lugar donde la fábrica de sueños se puso en marcha». «Llevo ya treinta años dedicado a este sueño / Que empezó como empeño, ilusión, opción y anhelo / Y ese soy yo, resumiendo, desde que tengo razón / No intento engañar a nadie sino escribir mi canción», relata en Bio, un tema recitado, susurrado casi, con tempo de rap y mucho duende, que presentó bajo dos pantallones con ajadas y tiernas fotos familiares.

Compuso las canciones del disco durante los primeros meses de la pandemia. «Era un tiempo en el que nadie daba pie con bola. Empezamos con las clases de cocina asiática y luego seguimos con la lectura de los clásicos, hasta que pude volver a componer», explica risueño sobre el germen del disco, con un poso flamenco, más quejíos que en otras ocasiones y con homenajes a Celia Cruz y a su «compadre» Paco de Lucía. «Está hecho despacito, a fuego lento. Como si estuviera en pijama y en casa: sin fecha, sin prisas y sin presión», se felicita Sanz de la pausada factura de un disco que repasa sus tres decenios en la carretera y que arroja un balance más que positivo. Espera «con ansia» ofrecérselo a su fidelísimo público en la gira que empezará en abril próximo y que lo llevará por España y América. «Volveré con muchas ganas al directo y seguro que entonces no me bajan del escenario ni con agua caliente», promete.

Cámara en mano

Para que no quede duda de que se trata de un autorretrato, el álbum se llama Sanz. Además, el cantante se presenta en la portada mirándose a un espejo y fotografiándose con una cámara Hasselblad de gran formato. «Este disco es el resultado de todos los anteriores. Es obvio que todo lo que hace un compositor es autobiográfico», admite el cantautor, que al mirarse en el espejo se deja arrastrar por la ola de optimismo que surfea decidido.

Sanz asegura que el nuevo disco es coherente con su trayectoria. «Nunca me aparto de mi esencia. Haga lo que haga, estoy en mi discurso musical. Intentando que mi labor sea un juego. No se puede hacer música con miedo. Debe hacerse con amor, libertad y riesgo. Si alguien quiere morir por la música, vale. Pero es mucho mejor vivir por ella», concluye Saz. Junto a Javier Limón y Alfonso Pérez, Sanz es también productor del disco, que encierra ecos de música negra y caribeña y con pasajes electrónicos y arreglos orquestales, pero en el que late y brilla el compás flamenco a través de guitarras y palmas. «Siempre fui introvertido / Tenía miedo, estaba ido / Me gustaba la poesía, el flamenco y mi bujío», escribe en Bio.

«Nunca pretendí ser famoso»

«Nunca pretendí ser famoso. Quería hacer canciones y vivir de ellas. Mi única pretensión, entonces y ahora, es ser honesto, y por eso vuelvo a mis raíces. Cuando tenía 15 años soñaba con lo que estoy viviendo ahora, y ahora sueño con que este sueño no se acabe nunca», dice hoy Alejandro Sanz desde la atalaya del súper éxito, buscando en el cristal empañado al joven Alejandro Magno, su primer y rimbombante nombre artístico que desmiente la modestia de la que hoy hace bandera. Con ese pomposo seudónimo grabó el disco Los chulos son pa' cuidarlos. Tenía solo veinte años y coqueteaba entonces con el techno-flamenco.