Las vidas de Paco Pestana

Carlos López

CULTURA

Siro

14 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Había nacido Paco Pestana un 25 de julio, día del Apóstol. Paco Pestana, apóstol del surrealismo. Este artista inmensurable fue, entre otras cosas, legionario, y luego habría de seguirlo una legión de admiradores de su obra. Paco Pestana, el soldado, libró una postrera batalla relámpago, y a buen seguro luchó con coraje. También fue minero. Paco Pestana, el minero, extrajo oro de las profundidades de su talento. También trabajó en la vendimia. Paco Pestana, el vendimiador, cultivó con mimo el vino de la amistad. Contó que con siete años hizo el paseíllo en la plaza de Las Ventas. Con el correr del tiempo, sería sacado a hombros por la puerta grande del arte.

Conversador centelleante, esculpía en aire sus palabras y, alrededor de un mantel, sacaba siempre la sal y la pimienta de su humor torrencial. Acudía con frecuencia al lucense Mesón do Forno, donde se proveía de alimento para el cuerpo y de alimento para el alma, lugar de encuentro de pintores, escultores, músicos, escritores o magos. Él era, en cierto modo, un mago ejecutando el número del aserrado por la mitad, pues te partías de la risa con sus comentarios jocosos. Se sentaba a la mesa La Espeteira, reservada a los artistas, y sentaba cátedra. Era una de las más firmes patas de esa mesa.

Sentía especial predilección por trabajar la madera, y en sus esculturas la madera permanecía siempre viva, reverdeciendo a cada instante. Estremecen sus animales alucinantes, un bestiario hiperbólico que la naturaleza, en su infinita sabiduría, ni siquiera se atrevió a imaginar.