Antonio Martínez Sarrión, el Moderno que educó a varias generaciones en Baudelaire

G. NOVÁS REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

El escritor Antonio Martínez Sarrión, en la presentación de su libro de memorias «Jazz y días de lluvia» (2002).
El escritor Antonio Martínez Sarrión, en la presentación de su libro de memorias «Jazz y días de lluvia» (2002). R. P. Vieco

Las referencias del rock, el jazz, el cine y las drogas favorecieron su ruptura con el realismo de posguerra

15 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Antonio Martínez Sarrión (Albacete, 1939), uno de los integrantes más esquivos del grupo de los novísimos, murió este martes en Madrid a los 82 años tras sufrir un infarto. Josep Maria Castellet lo incluyó en 1970 en aquella mítica antología Nueve novísimos poetas españoles, que supuso una inflexión en la creación lírica en España de paso que -con su renovación- cortaba el cordón umbilical que los unía con los bardos de posguerra. El encuentro de Castellet concitaba además a Manuel Vázquez Montalbán, José María Álvarez -ambos integraban, con Sarrión, la tríada de los mayores-, Leopoldo María Panero, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Félix de Azúa, Ana María Moix y Vicente Molina Foix.

Muchos conocerán antes a Sarrión por su labor como traductor, ya que ha vertido al castellano a un buen puñado de autores franceses. El conocimiento de la gran poesía gala pasaba por sus versiones de Baudelaire, Rimbaud, Valéry, Verlaine, Mallarmé, pero también Victor Hugo, Genet, Leiris, Musset, Chamfort, Huysmans, Ionesco y Jaccottet. Educó a no pocas generaciones de españolitos en Baudelaire. Para muchos lectores de cierta edad (devotos de los sellos Visor y Alianza), Baudelaire será siempre el suyo.

El también ensayista y memorialista Martínez Sarrión era conocido entre amigos como el Moderno -dicen que el apodo se lo puso Juan Benet, que ejercía como su hermano mayor en lo del criterio literario-, por su interés en el rock, el jazz, el cine y las drogas, una tarjeta de presentación que chocaba con la fe reinante en los clásicos grecolatinos. Participó de la tendencia antirrealista -libertad e inspiración creadora frente al realismo- de los novísimos pero, paciente y tozudo, acabó contagiándoles a sus colegas referencias culturales y míticas de la literatura, el rock, el cine y el jazz.