«Mi amor, la osa blanca», la aventura polar de Vitali Shentalinski

H. J. P. REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Galaxia Gutenberg | Raquel P. Vieco.Stanislav Yegórovich Biélikov, pesando a una osa. A la derecha, retrato de Vitali Shentalinski.
Stanislav Yegórovich Biélikov, pesando a una osa. A la derecha, retrato de Vitali Shentalinski.

Galaxia Gutenberg publica el diario que el poeta y ensayista ruso escribió cuando en 1972 participó en una expedición científica en la isla de Wrangel, un canto a la naturaleza salvaje

22 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Poeta, ensayista, escritor y periodista, Vitali Shentalinski (Kémerovo, Siberia occidental, 1939-Sérpujov, Moscú, 2018) es un intelectual sobradamente conocido porque fue uno de los primeros en acceder a los archivos del KGB sobre el mundo literario. Y porque ya en la perestroika fundó la Comisión para la Herencia Creativa de los Escritores Víctimas de las Represiones en la URSS. Nadie ha hecho tanto por hacer justicia y rescatar la memoria de autores masacrados por el régimen estalinista como Mandelstam, Platónov, Tsvietáieva, Ajmátova, Bábel, Bulgákov, Gorki o Pasternak. Títulos como Esclavos de la libertad, Denuncia contra Sócrates, Crimen sin castigo y La palabra arrestada recogen sus exhaustivas investigaciones en la Lubianka sobre informes clasificados y documentos secretos, y reconstruyen los procesos de acoso, derribo y purga que laminaron la vida y la obra de tantos creadores, a base de terror, destierro y persecución. El sello Galaxia Gutenberg -que se ocupó de editar estos cuatro libros- acaba de traer también al castellano un curioso texto de Shentalinski. Tras ser enviado, como operador de una emisora de radio, entre 1960 y 1963, a la isla de Wrangel, más allá del Círculo Polar, quedó tan seducido por su experiencia vital en aquellas tierras que regresó en 1972 -fascinado como estaba, lo hizo muchas otras veces- con el científico Stanislav Yegórovich Biélikov en el marco de una de las primeras expediciones para estudiar aquel hábitat del oso polar -extremo pero óptimo-, así como la conducta y los hábitos del animal. Mi amor, la osa blanca es solo un breve pasaje de sus diarios polares, que ordenó antes de su muerte y que acompañó de una veintena de fotos. El libro es, sobre todo, un bello canto a la naturaleza salvaje y una encendida defensa de la urgencia de cambiar la relación del hombre con su entorno para salvar no solo el oso polar sino el castigado planeta.