Luz más allá del muro trumpiano

miguel anxo fernaández

CULTURA

LA PURGA: INFINITA
LA PURGA: INFINITA .

«La Purga: Infinita» de Everardo Gout plantea una distopía en la que durante unas horas los ciudadanos tienen licencia para matar

01 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando el cine de género la toma con las distopías, suelen atinar en lo de dar espectáculo -léase, entretener-, y a cambio desbarran con una generosidad digna de mejor causa, con la inverosimilitud campando a sus anchas. Se puede aplicar a la franquicia iniciada en 2013 por James DeMonaco -director y guionista- para la Blumhouse Productions, que la tiene por una de sus apuestas más jugosas, tanto que el propio DeMonaco apadrinó su conversión a serie en 2018.

La Purga: Infinita confirma que la fiesta continúa y más que vendrán. Vayamos primero a lo que nos cuenta, otra vez iniciando la Purga anual durante unas horas en las que los ciudadanos tienen licencia para matar y, naturalmente, también pueden hacerlo para defenderse. Sobre todo, han de evitar salir a la calle. La premisa es más simple que una tortilla de patatas, pero de igual modo que puedes añadirle taquitos de jamón, pimiento, puerros y a saber, aquí introducimos como ingrediente fuerte el racismo junto a la política extremista, en un tono que Donald Trump seguramente daría por bueno, que a fin de cuentas el asalto del pasado enero al Capitolio, si no tuvo un aquel de La Purga, si fue de La Turba, que de eso también rastreamos por aquí.

Lo de la diversidad racial es lo más evidente, al situar como víctimas a latinos y negros, mientras los malos son los supremacistas. Los primeros mejor trabajados como personajes, mientras los segundos quedan reducidos a caricaturas de trazo grueso. Por último, el recurso a la frontera, que no solo es la vecina México detrás del Muro, también lo es como separación de valores. A un lado, el caos; al otro, la esperanza. En cuanto al cómo, admitiendo que un John Carpenter habría convertido este artefacto con regusto a serie B, en un divertimento ácido pero chisposo, las formas de Everardo Gout están más próximas a la narrativa televisiva -posee amplia solvencia en el medio-, evidentes en la planificación y el ritmo, con un arranque muy aceptable que va decreciendo intensidad conforme nos acercamos a un desenlace (casi) previsible. No deja huella, es lo malo.