Apichatpong Weerasethakul, como pulpo en un garaje en la Colombia de «Memoria»

José Luis Losa CANNES / E. LA VOZ

CULTURA

Juan Pablo Urrego, Tilda Swinton, Apichatpong Weerasethakul, Jeanne Balibar y Elkin Diaz, a su llegada al estreno de «Memoria» en Cannes.
Juan Pablo Urrego, Tilda Swinton, Apichatpong Weerasethakul, Jeanne Balibar y Elkin Diaz, a su llegada al estreno de «Memoria» en Cannes. Sebastien Nogier | Efe

Lo que mostró en Cannes el director tailandés no es cine, sino la estafa de un pillo o de un «colgado»

15 jul 2021 . Actualizado a las 20:48 h.

Resulta algo ineluctable que cualquier cineasta exótico que recibe los reconocimientos de los festivales y la crítica termine por aceptar los cantos de sirena para rodar en otros lugares más ricos o deslumbrantes que su país de origen. Fíjense en Farhadi, que vino a España, se envenenó de iberismo de toro de Osborne o de Crónicas de un pueblo, hizo el pánfilo con Penélope y Bardem. Y tuvo que retornar rápidamente a Irán para -hace dos días- renacer aquí, en Cannes, a lo grande con su filme Un héroe. Qué decir del clan mexicano de los Del Toro, Cuarón o Iñárritu, que amenazan con llevar la ceremonia de los Óscar a la plaza de las Tres Culturas.

Antes se practicaba otra elegancia existencial. O tal vez era desconfianza de gente de respeto. O resistencia del siglo XX a abandonar las raíces. Para Fellini, Visconti, Rivette o Truffaut era innegociable filmar sin moverse mucho de sus territorios naturales. Hoy mantiene esa rara posición Almodóvar. Pero creo que su razón no es moral, sino que se debe a su inglés de La Mancha, inmanejable. El mismo que dejó desolados a Jodie Foster o a Spike Lee en la inauguración de este Cannes. Lo recibieron primero puestos en pie, rendidos a su talento. Pero ya se les notaba desconcertados tras ver y escuchar como sufría el español para hilvanar un memorizado discurso de homenaje a la actriz.

Nadie hubiera dicho que Apichatpong Weerasethakul -que ganó aquí hace once años la Palma de Oro con una de sus historias intrínsecamente budistas e intransferibles, en la que los peces practicaban amables y serviciales cunnilingus- iba a levantar el vuelo de su sudeste asiático. Pero el autor que tenía entre la fangoria de festivales la más incondicional de las sectas Manson -después de las de Terrence Malick y de Godard-, aunque algunos ya se hayan ido quitando, ha salido finalmente de su follaje zen para rodar un largometraje íntegramente en Colombia.