El ensemble de Forma Antiqva lleva a Ourense el festivo esplendor musical del Madrid del siglo XVIII

HÉCTOR J. PORTO REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Ensemble de Forma Antiqva -formación musical que encabezan los tres hermanos Zapico- que actúa en el monasterio ourensano de Santa María de Xunqueira de Espadanedo.
Ensemble de Forma Antiqva -formación musical que encabezan los tres hermanos Zapico- que actúa en el monasterio ourensano de Santa María de Xunqueira de Espadanedo.

«No es Bach ni Händel, ni falta que hace», dice el clavecinista asturiano y director de la formación Aarón Zapico

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La agrupación musical asturiana Forma Antiqva lleva más de veinte años en la carretera. Creada en Langreo por los hermanos Zapico -Aarón, clavecín; Daniel, tiorba; y Pablo, guitarra-, es hoy uno de los más sólidos valores del panorama peninsular, especialmente en el ámbito del repertorio barroco. Con una configuración flexible que va del trío -los hermanos- a la orquesta, llega este sábado a Ourense en el formato ensemble para ofrecer -a las 20 horas- en el monasterio de Santa María de Xunqueira de Espadanedo el espectáculo Farándula castiza, en el marco del festival Pórtico do Paraíso.

El programa, galardonado con el sello de calidad FestClásica 2021 -premio otorgado por la Asociación de Festivales de Música Clásica de España, que le garantiza una gira-, busca una inmersión en el esplendor musical del Madrid del siglo XVIII, un momento en que triunfaban los violines recién desembarcados de Italia, que «entonces marcaba el rumbo en el terreno musical», señala Aarón Zapico, director del ensemble (dos violines, violonchelo, guitarra, tiorba y clave).

Como su propio nombre hace imaginar, Farándula castiza compone un recital de carácter eminentemente festivo, que «rebosa luz, energía y buen rollo», explica el clavecinista. Con apenas algún pasaje reflexivo, relajado, la experiencia del concierto es «una píldora potente, exuberante, directa y muy necesaria y demandada [por festivales y aficionados] en estos tiempos de pandemia, tan duros de digerir». Son 70 minutos de música en que el auditorio, «en un auténtico menú degustación, va de una emoción a otra».

¿Y qué menú se degustará? Son piezas de compositores bastante desconocidos para el gran público como José de Nebra -quizá el que tiene más nombre-, Bernardo Álvarez Acero, José Castel, Nicolás Conforto, Vicente Baset -al que tratan de verdadero descubrimiento-, Juan Bautista Mele y Francisco Corselli. «Son compositores nuestros, de gran valor, nuestro patrimonio musical, que debemos defender ya que son autores apenas tratados y difundidos. No es Bach ni Händel, ni falta que hace», afirma Aarón Zapico, que detalla que algunos de ellos son maestros italianos traídos por la corte y que acabaron españolizados como ocurrió con casos más famosos como Luigi Boccherini, el castrato Farinelli y Domenico Scarlatti.

Como ocurrió con la pintura, el rey contrataba a los músicos de prestigio para poder disfrutar de su arte y además aprender de ellos. Por lo que se dará una dicotomía barroca entre los géneros muy españoles -fandango, tonadilla, villancico, seguidilla...- y el lenguaje elaborado italiano, y también el más afrancesado.

Son tiempos festivos los de aquel Madrid en los que en la música nunca estuvo tan cerca lo popular (la calle) de lo culto (el teatro, lo operístico). Las piezas alcanzaban fama, trascendían el patio de butacas, las escuchaba la más alta nobleza en la corte o en el corral de comedias y la tarareaba o improvisaba la más humilde familia en su casa. «Hoy un chico de 15 años no entra en un concierto de música clásica, pero entonces esta música era lo que había, en el palacio real y en el hogar más modesto. Es como ocurre hoy en la gastronomía: uno puede disfrutar de una fabada en una casa de comidas o en un restaurante con estrellas Michelin, es el mismo plato, solo cambia la interpretación. Es decir, la manera de enfrentarse a esa música (o de escucharla) sí cambiaba; la música era solo una», insiste Zapico.