Edward O. Wilson, el biólogo que confía en el amor entre seres de especies distintas

H. J. PORTO REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Depredación. «La verdad es que nunca hemos conquistado el mundo, porque nunca lo hemos comprendido; solo creemos que tenemos el control sobre él», señala Edward O. Wilson, que cree que «cuanto más comprendamos acerca de la mente como órgano de supervivencia, mayor será la veneración [nuestra] por la vida basada en razones puramente racionales»
Depredación. «La verdad es que nunca hemos conquistado el mundo, porque nunca lo hemos comprendido; solo creemos que tenemos el control sobre él», señala Edward O. Wilson, que cree que «cuanto más comprendamos acerca de la mente como órgano de supervivencia, mayor será la veneración [nuestra] por la vida basada en razones puramente racionales» ERRATA NATURAE

Publican «Biofilia», las heterodoxas memorias del famoso naturalista estadounidense

19 may 2021 . Actualizado a las 08:54 h.

No es del todo cierto eso que se afirma sobre que en literatura no es tan importante lo que se dice como la forma en que se dice. No lo es al menos en el caso de Edward Osborne Wilson (Birmingham, Alabama, 1929), quien -además de ser un prosista excelente- tiene algo muy importante que decir. Considerado como uno de los biólogos más relevantes de la escena contemporánea, su mensaje alberga como eje el amor por la naturaleza, su conocimiento y la certeza de que el hombre se ha movido por la Tierra durante millones de años con una relación empática con su entorno, quizá en la intuición de que para gozar una existencia en armonía es necesaria una relación de contacto íntimo y diario con los demás seres vivos. Para definir ese estado emocional popularizó el término biofilia, que vendría siendo algo así como el impulso de asociación que el Homo sapiens siente «hacia otras formas de vida». Es este vínculo lo que guía Biofilia. El amor a la naturaleza o aquello que nos hace humanos, una obra que data de 1984 y que trae por fin al castellano el sello Errata Naturae.

La editorial madrileña ya había publicado en el 2017 Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción, que lanzaba una reflexión urgente sobre el hecho de que, «por primera vez en la historia se ha propagado la creencia, entre quienes piensan en el futuro a más de una década de distancia, de que estamos jugando el final de una partida global». Y de cómo el hombre, en su egoísmo, y sus representantes políticos miran hacia otro lado: «Mientras tanto, damos palos de ciego, mal dirigidos, sin más objetivos que el crecimiento económico, el consumo sin límites y la salud y la felicidad personales. El efecto en el resto de la biosfera es negativo en todos los sentidos, el medio ambiente se vuelve inestable y menos agradable, y nuestro futuro a largo plazo, más incierto».

Sin abandonar su activismo, el tono de Biofilia es más íntimo, más acogedor -con un funcionamiento cercano al de unas heterodoxas memorias- y quizá por ello más persuasivo. Entre sus muchas observaciones llenas de lucidez y sabiduría, describe muy bien cuál puede ser la actitud más reveladora para enfrentarse a la naturaleza, o, mejor, para que la comunión sea real, dejándose permear y dejando atrás el mundo veloz e hiperconectado que desubica y deshumaniza al hombre, alejándolo no solo de sus congéneres, sino también de los demás seres vivos: «El naturalista es un cazador civilizado. Va solo por el campo, por un prado o por un bosque, y cierra la mente a todo, salvo a ese momento concreto y ese lugar preciso, con el fin de que la vida a su alrededor impregne sus sentidos y los pequeños detalles adquieran un significado mayor. Inicia la búsqueda minuciosa para la que está diseñado el conocimiento. Su mente se desenfoca, se concentra en todo a la vez, deja de estar dirigida a cualquier tarea corriente o formalidad social». No puede ser más elocuente Wilson, cuyo llamamiento a una nueva inmersión -o un regreso- del hombre en la naturaleza no debiera ser desoído.