Julio Bocca: «He bailado con costillas rotas y con esguinces, tengo nueve operaciones»

Javier Becerra
javier becerra REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Julio Bocca (Munro, Buenos Aires, 1967)
Julio Bocca (Munro, Buenos Aires, 1967) Leo Barizzoni

El mito de la danza argentino vuelve a Galicia para ofrecer dos clases magistrales

17 abr 2021 . Actualizado a las 23:02 h.

«Mañana me dan la segunda dosis de la vacuna, estoy muy contento», comenta satisfecho Julio Bocca (Munro, Buenos Aires, 1967) desde el salón de su casa de Uruguay, el país en el que reside desde hace años. El artista que voló por los escenarios de todo el planeta y que estuvo considerado como el mejor bailarín del mundo, se encuentra en la segunda etapa de su vida, enseñando a las nuevas generaciones. En breve estará en Galicia conmemorando el 30.º aniversario del Conservatorio de Danza de la Deputación da Coruña. El 28 de abril ofrecerá una masterclass para los alumnos. Y el 29 dará una segunda sesión, abierta al público, en el Teatro Colón.

-Su acto en el Colón se llama «un café con Julio Bocca». ¿No puede llevar a engaño?

-[Risas] La idea es hacer algo como esto, contar mi vida, cómo comencé, mostrar algunos vídeos de cuándo bailaba... Transmitir mis experiencia a una generación que quizá tenga una idea de quién soy por el nombre, pero que no me ha visto bailar. En la masterclass intento enseñar lo que mi maestro [Willy Burmann] me enseñó durante 21 años. Lamentablemente falleció por covid-19 en marzo del año pasado.

-¿Se siente una anilla de la cadena de la danza?

-Sí, me interesa mucho compartir experiencias como haber compartido el escenario con Baryshnikov o con Carla Fracci, de haber vivido momentos tan ricos como bailar con el Bolshói o lo que he hecho en los últimos años. Vengo de dirigir durante siete años el Ballet Nacional Sodre [Uruguay] y cuando me retiré empecé a viajar como maestro. No quiero encerrarme y quedármelo para mí, sino que quiero que otra gente pueda conocer algo nuevo, diferente y que ellos en el futuro lo puedan transmitir. Lo que hay que hacer siempre es transmitir que la danza se tiene que hacer con excelencia, calidad y amor.

-¿Qué hace falta para ser bailarín? ¿Talento o disciplina? ¿Nacer con un don o generarlo con sacrificio?

-Creo que es un todo. Tú puedes nacer con talento, pero si no tienes cabeza a lo mejor llegas pero no sabes mantenerte. Siempre pongo un ejemplo. Tengo una amiga que es una gran maestra y fue una gran bailarina en Argentina, en el Teatro Colón de Buenos Aires. No tenía ninguna condición. Todo en ella fue trabajo. Absolutamente todo. Y, sin embargo, llegó a ser primera bailarina. En eso lo importante es la personalidad. Eso lo trato de transmitir: ten personalidad. Si luego tienes talento, úsalo, porque va a ser todo más fácil.

-Y es precisa una disciplina mental difícil para un niño. ¿Hay que tener madurez extra?

-Sí, la edad ideal es empezar entre 7 u 8 años, y exige mucho. Si te gusta, ya tienes que tener una mentalidad profesional con disciplina, constancia y trabajo diario. Eso no es algo común en los niños. Si no tienes una contención familiar es muy difícil. Además, un día te tuerces un pie y a lo mejor no puedes bailar nunca más. La juventud ahora a veces es más volátil, no sé si quieren tener esa disciplina.

-Ha dicho que ha llegado a bailar con costillas rotas.

-Sí, con costillas rotas y con esguinces. De hecho, tengo nueve operaciones. He usado mi cuerpo. Ahora tienes a bailarines que te dicen que se torcieron un dedo y piden tres días de descanso. Todo ha cambiado mucho, pero a veces se va tanto del otro lado que se pierde esa necesidad de bailar. A mí me vienen con eso y digo: «Ok, pero un dedo no interfiere a agarrase a una barra y hacer los ejercicios». Es como que se va a la comodidad. No digo que lo que yo hacía fuera lo normal. Creo que tenía un estado de locura total. Hacer 220 funciones en un año, estar por la tarde en Londres y a la noche en Italia... No pido eso, pero sí un equilibrio.

-¿Por qué cree que el ser humano baila?

-Por la necesidad. Desde el comienzo de la humanidad fue una forma de transmitir y comunicarse. Ocurre ahora con la pandemia. Mira la cantidad de gente que nunca hubiera pensado que iba a hacer un vídeo con un numerito de baile y ahora todos están ahí. Es una necesidad interna. Para mí bailar era una necesidad de libertad, de estar en otro lado. Sin embargo, yo no soy de estar bailando en las camaritas [risas].

-¿Habla del bum de Tik Tok?

-Sí. A veces veo esas piezas y digo: «¡Buah, qué ritmo tiene! Espero que lo siga haciendo después».