Pilar Albarracín: «Sea cual sea la estética, el arte debe tener un contenido político y social»

La creadora andaluza expone sus obras más icónicas en el CGAC


Santiago / La voz

«El papel del artista es un poco de persona que mira, que analiza, que cuenta, que encuentra nuevas fórmulas, que da nuevas recetas y que mantiene la esperanza y la ilusión de que otras miradas son posibles». Las palabras son de Pilar Albarracín (Sevilla, 1968), una renovadora de los lenguajes artísticos en España en los años 90, cuya obra puede verse ahora en el CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea). La exposición Accións peregrinas recoge los trabajos más representativos de su trayectoria. Una de las instalaciones, Hormiga, se exhibe por primera vez en España. Además, en junio, realizará una acción en el marco del festival de artes performativas Plataforma, que se celebrará en Santiago.

-La indagación sobre la identidad, el ecologismo, el capitalismo... están presentes en la muestra del CGAC, pero si hay algo constante en toda su trayectoria es la reflexión sobre la mujer, la defensa de la igualdad.

-La mayoría de mi obra, por no decir toda, no es que esté basada en hechos reales, como dicen en las películas [sonríe], sino que se basa en mi mirada sobre la sociedad en la que me ha tocado vivir. Soy una mujer y eso ha hecho que tuviera un tipo de circunstancias distintas a si hubiera sido un hombre, un transexual... Entonces, siempre he intentado hablar desde mi mirada con respecto a las miradas de los demás. A día de hoy sigo considerando necesaria la mirada propia. Soy una mujer y por eso he trabajado mucho para dar visibilidad a circunstancias que no favorecían a la mujer en muchos planos, no solo en el profesional.

-¿Cambió mucho desde los 90 hasta la actualidad? ¿Sigue siendo necesaria esa reivindicación?

-Para las nuevas generaciones, creo que es diferente. Tengo puesta la esperanza en la gente joven porque considero que no vienen del mundo tan estructurado de forma binaria, sino que ya recogen los frutos del esfuerzo de muchas personas que han estado luchando durante años. Pero la lucha sigue siendo necesaria.

-¿El arte siempre tiene que estar pegado a lo social?

-Para mí sí. El arte puede tener una estética que me parezca más o menos frívola, pero sea cual sea esa estética, que me guste o que no me guste, considero necesario que tenga un contenido político y social.

-¿Por qué? También aludía en la jornada inaugural de la exposición a que el arte puede servir de palanca de cambio.

-Claro. No creo en los cambios mágicos, sino que estos llegan después de un proceso de reflexión. Yo creo en unos cambios a largo plazo. Lo mismo pienso del arte, no es «este año hago arte y el otro no». Me parece fundamental una reflexión extendida a lo largo del tiempo.

-Nunca ensaya las acciones antes de ejecutarlas, ¿por qué?

-Como yo no venía del mundo del teatro, me di cuenta de que cuando las hacía ponía toda mi energía «fresca», en el sentido de sin premeditación, de una manera más visceral. En cuanto repetía, intentaba aplicar ciertas modificaciones y no me gustaba. Entonces, siempre decidí hacerlo la primera vez para que incluyera los errores y la falta de practicar una cosa. El artista, como ser humano que es, tiene que dejar constancia de la humanidad y del error que lleva implícito cualquier cosa que haga en la vida.

-En algunas de esas acciones lleva a un máximo experimentar con el propio cuerpo, como en la que se clava alfileres para que la sangre tiña el vestido.

-Siempre me ha interesado trabajar desde mi propio cuerpo. Además de significar algo muy diferente para mí, también lo es para los demás.

-Fue una renovadora de los lenguajes artísticos, ¿se siente más cómoda expresando las ideas en esas «performances» que en instalaciones u otro tipo de expresiones?

-Me siento igual. Desde el principio tuve claro que cuando quería contar algo y me lo imaginaba como un dibujo, sería así; que si pensaba que debía ser una acción, lo sería. Evidentemente, cuando tú pones tu cuerpo delante de una cámara o de una situación un poco al límite, la tensión es otra. Cada trabajo tiene su propia forma de vivirlo como artista, pero todos te aportan cosas.

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