Un recetario de teatro y narraciones

María Inés Cuadrado escribe en «Despertar mi alegría» sobre el valor terapéutico de la cultura frente a enfermedades y adversidades

María Inés Cuadrado propone una serie de reflexiones a partir de su experiencia personal y profesional
María Inés Cuadrado propone una serie de reflexiones a partir de su experiencia personal y profesional

redacción / la voz

En el 2013 la actriz y escritora María Inés Cuadrado (Buenos Aires, 1963) afrontó un diagnóstico de párkinson, seguido de otro de atrofia muscular multistémica. «¿Cómo se prepara esto?», se preguntó a sí misma la intérprete, afincada desde el 2001 en Galicia, donde ha desarrollado una intensa actividad profesional. Una trayectoria que la había llevado a investigar y a formarse en el valor terapéutico de la creación y que ahora da forma a las reflexiones de Despertar mi alegría (Medulia editorial), una guía personal frente a la enfermedad, con el significativo subtítulo de Otras narrativas prácticas para tiempos de crisis.

«No nos damos cuenta del increíble potencial que tenemos con nuestra creatividad, pero todos podemos ser creativos si estimulamos nuestra creatividad debidamente», reflexiona Cuadrado con motivo de la publicación de su libro. Ese concepto, la creatividad, está en la base de la obra, que combina los pensamientos de la actriz con ejemplos extraídos de su interés por el papel que puede tener la cultura en llevar una vida mejor y más plena, con incursiones en áreas que conoce bien, como las narraciones y el teatro. «En todo momento podemos usar nuestra creatividad para hacernos la vida más fácil y resolver nuestros problemas», subraya. Lo creativo implica movimiento, lo que a su vez significa cambios: «En un momento de bloqueo, de crisis profunda o de enfermedad crónica, necesitamos de todo para que algo tire de nosotros y nos saque de ese estado de estatismo», añade.

Sin dogmatismos ni fórmulas inamovibles, Cuadrado va desgranando a partir de su experiencia un recetario que tiene en la expresión escrita y oral sus estrategias para hacer frente a la enfermedad. Desde el género epistolar hasta la conciencia del propio cuerpo, Despertar mi alegría ofrece argumentos que inciden en una contribución terapéutica a la que tampoco son ajenas la música o el arte. Y que parten de unos principios que pueden ser extrapolados a otras situaciones, como, por ejemplo, el actual contexto sanitario. «Venimos de la cultura de los resultados. Con esta pandemia nos espera un gran cambio. Tenemos que aprender a disfrutar el bosque mientras caminamos. Que el hacer, el buscar, el investigar y su disfrute sean el propio resultado», expone la actriz, en referencia al valor del carpe diem y la atención a la cara más positiva del entorno cotidiano.

Un entorno en el que no debe faltar el humor, como el que exhibe María Inés Cuadrado a partir de la expresión «marcho que teño que marchar». «El humor me aporta otra mirada de cómo pueden ser las cosas. Cuando aparece el humor sale el sol, soy poderosa y brillante», describe. «El humor me muestra grande siendo pequeña. El humor pone vida en la cara. Nos muestra que las cosas pueden ser mejores. Nos enseña a confiar», añade.

Y ella misma se aplica sus propias recetas cuando le escribe una carta a la «señorita Párkinson», una misiva que empieza preguntándole a la enfermedad si no le importa que la tutee. «Cómo no la voy a tutear si duerme conmigo todas las noches», sonríe la intérprete. «Ese es un recurso de la terapia narrativa para tener otra relación con las circunstancias y poder descubrir en ellas elementos extraordinarios».

Las propuestas y experiencias de María Inés Cuadrado recogidas en Despertar mi alegría -con una obra del pintor Alfonso Costa en la portada- están enmarcadas por un prólogo y un epílogo de los escritores Francisco X. Fernández Naval y Eva Veiga, respectivamente. La palabra los une y la palabra es el elemento central del libro, de forma especial la que vive a través del teatro: «El teatro nos sirve de espejo para conocernos. Es una ceremonia colectiva donde se desnudan las almas. Es terapéutico por eso mismo: porque es colectivo y porque nos muestra lo invisible. Mi vida habría sido muy pobre sin el teatro», concluye la actriz.

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