Ángel Viñas: «El Gobierno de Azaña sabía que había una conspiración y no hizo nada»

El historiador sostiene en su nuevo ensayo, «El gran error de la República», que esta pudo evitar la Guerra Civil

El historiador e investigador Ángel Viñas (Madrid, 1941)
El historiador e investigador Ángel Viñas (Madrid, 1941)

Tras publicar hace dos años ¿Quién quiso la Guerra Civil?, un libro en el que desvelaba el acuerdo entre los monárquicos alfonsinos y el régimen fascista de Mussolini para la entrega por parte de Italia de aviones a los golpistas si había una sublevación militar, Ángel Viñas (Madrid, 1941) publica El gran error de la República (Crítica). En esta obra, el catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid aborda los fallos que cometió el Gobierno presidido por Manuel Azaña que desembocaron en la Guerra Civil, que asegura no fue inevitable. Para esta investigación han sido fundamentales «los papeles» (así se refiere siempre a los documentos consultados) del Archivo Militar de Ávila.

-¿Cuál fue ese gran error?

-Confiar en militares en los que no debía haber confiado. Tras las elecciones de febrero de 1936, el Gobierno empieza a cometer error tras error. El primero, no tomar medidas contra los generales que se sabe que se iban a sublevar, Goded, Franco y Cabanellas. A Goded se le envía a Baleares; a Franco, a Canarias, pero eso no es suficiente. Y a Cabanellas no se le hace nada. El hombre que comete el error es el presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña. Pero también el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, al que Goded había dicho que «si las izquierdas llegan al poder nos sublevamos», y no hace nada.

-¿Qué más errores cometió?

-El segundo error es persistir en el error, a pesar de que se van acumulando datos de que la agitación prosigue. Lo que detecto es que el aparato de seguridad interior de la República, tanto en la Dirección General de Seguridad (DGS) como en el Ministerio de la Guerra, se seca. Estaban infiltrados por los conspiradores. De todas maneras, el Gobierno lo sabía. Cito las memorias de Diego Martínez Barrios, en las que reproduce el informe que en junio de 1936 el gobernador civil de Granada, Ernesto Vega Manteca, envía al presidente del Consejo de Ministros, al ministro de la Guerra y al de Gobernación, contándoles que la guarnición de Granada está conspirando. El Gobierno de Azaña tenía información de la conspiración y no hace nada. Es una mezcla de errores, desprecio, despiste y mala información. Azaña, Casares Quiroga y Juan Moles, que fue ministro de Gobernación y se ha ido de rositas, fueron los responsables.

-¿Qué sabía concretamente el Gobierno republicano del golpe que estaba preparándose?

-Muestro una selección de papeles, porque son muchos y reiterativos. En la DGS existía el negociado del control de nóminas del Ministerio de la Guerra que tenía una lista de generales, jefes, oficiales y suboficiales que cotizaban a la clandestina Unión Militar Española (UME). Hay cerca de dos mil personas. Están Goded, Fanjul, Yagüe, Franco no. Es decir, la policía conocía a los militares que cotizaban a la UME, el Gobierno sabía lo que hacía la UME, porque se conservan sus panfletos horripilantes para lavar el cerebro a los militares en los cuarteles. ¿Y qué hace? Nada.

-¿Por qué no actuó?

-En primer lugar, porque fue inducido al error. Azaña cuenta en una carta que Cabanellas había ido a verle para decirle «yo moriré por la República» y se sabe que llevaba conspirando desde febrero y sigue de jefe de la Quinta División Orgánica. Queipo de Llano, igual. Al general López Pinto, un tipo siniestro, le hacen gobernador militar de Cádiz, una provincia crítica como Galicia. Azaña comete errores graves, que no explica en sus memorias. Es inexplicable que no tomaran medidas. Pero tiene que quedar claro que la República no fue culpable de la guerra, lo fueron los que se sublevaron.

-¿Tenía miedo el Gobierno?

-Había miedo de tomar medidas. Temían que si lo hacían se podían sublevar. Y había un cierto desprecio a los militares, se lo dice en febrero de 1936 Azaña al embajador francés, a Goded lo mandamos a Baleares, allá podrá bañarse en la playa y disfrutar..., una persona que se sabía llevaba conspirando por lo menos un año.

-¿Cuál fue el papel de Italia?

-Los conspiradores monárquicos firmaron unos acuerdos con Mussolini el 1 de julio de 1936 para que Italia interviniera en la guerra, que cumplió. Lo que se ha dicho sobre que reaccionó a la ayuda francesa a la República es falso. Tiene bemoles que un país declare la guerra subrepticiamente al régimen legal de otro país, con el que además tenía buenas relaciones.

«Los golpistas se inventan una rebelión comunista inexistente»

¿Cuál fue el papel de Francisco Franco en la conspiración? «El Gobierno sabía que Franco no le tenía simpatías, pero también que en 1935 no había hecho nada por conspirar, aunque conocía que había una conspiración, cómo no iba a saberlo si era el jefe del Estado Mayor, que a la vez era el jefe del servicio de contraespionaje», asegura Ángel Viñas. «Franco dicta una orden, que no se conocía, el 16 de febrero, declarando el estado de guerra coincidiendo con las elecciones de febrero de 1936, pero no se lleva a cabo porque en el Estado Mayor dan la contraorden», explica. «Juega un papel importante en la conspiración, pero limitado, sublevar la guarnición de Canarias y hacerse cargo del ejército de África», agrega. Y esto, según Viñas, debería haberlo sabido el Gobierno, porque tenía datos, pero no hizo nada». «Lo que pasa es que José Calvo Sotelo, que es la cabeza política de la conspiración, es asesinado el 13 de julio; y la cabeza militar, Sanjurjo, muere una semana más tarde en un accidente de aviación estúpido. La conspiración se queda sin jefe político ni militar y Franco actúa con la velocidad del rayo», señala. «A mí me sorprendería mucho que Franco no supiera de la conexión con Italia, aunque no lo puedo demostrar», sostiene Viñas.

Asegura que los golpistas se sublevaron con argumentos espurios, para prevenir una rebelión comunista inexistente. «No es que crean que se van a rebelar, es que se lo inventan», concluye. El historiador hace aportaciones sobre la conspiración en Galicia: «Había gente que trabajaba en favor de la conspiración en la guarnición de La Coruña, reproduzco la estructura del Servicio Sección Especial en Galicia en 1932 para demostrar que había todo un aparato de control del Ejército y cito uno de sus últimos informes de febrero de 1936, cuando Franco aún es jefe del Estado Mayor, que dice ‘‘aquí todo está en orden’’, y a partir de ahí ya no hay papeles». Explica Viñas que en abril y mayo del 36, el jefe del Estado Mayor, José Sánchez-Ocaña, cuyo expediente militar ha desaparecido y al que tras la guerra no le pasa nada, emite órdenes secretas a las divisiones orgánicas. «Se han localizado que yo sepa las de Galicia, Canarias y Zaragoza, para movilizar a las tropas en caso de graves alteraciones del orden público, y son muy detalladas», indica. Eran órdenes ambivalentes, que sirven para atajar desórdenes públicos provocados por la izquierda o la derecha o para poner en práctica el estado de guerra.

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