El disputado legado de Maruja Mallo y Luís Seoane

Polémica por la autoría de obras de ambos artistas en una muestra en Lalín

Dos de las obras de Seoane expuestas en Lalín, el día de la inauguración de la muestra
Dos de las obras de Seoane expuestas en Lalín, el día de la inauguración de la muestra

redacción / la voz

El 10 de enero del 2020 el museo municipal Ramón Aller de Lalín inauguró la muestra Creaciones mágicas de medidas exactas. Maruja Mallo-Luís Seoane en Buenos Aires (1936-1965) con obras de ambos artistas gallegos procedentes de colecciones particulares. Una carta de los autores del catálogo razonado de la pintora y un informe de la fundación del artista han arrojado dudas sobre la autoría de un buen número de las piezas incluidas en la muestra.

En la primera misiva, dirigida a la Academia Galega de Belas Artes, Antonio Gómez Conde -sobrino de Mallo-, Juan Pérez de Ayala y el galerista Guillermo de Osma manifiestan que ninguna de las 18 obras están referenciadas en el archivo de la familia de la pintora y que ni su técnica y temática se pueden relacionar con su trayectoria, por lo que no figurarán en el catálogo razonado, cuya publicación está prevista para mayo, al considerar que «no son atribuibles a la artista». Por su parte, el informe de la Fundación Seoane advierte de que al menos 18 de las 26 obras de este creador en la muestra «presentan serias dúbidas sobre a súa autenticidade». Ambos documentos fueron publicados esta semana por eldiario.es.

El comisario de la exposición, Antón Castro, rebate estas dudas y asegura que se llevó a cabo un trabajo concienzudo por seguir el rastro de las obras «desde que salieron de los talleres de los artistas hasta su último propietario». En el caso de las piezas de Mallo, su contexto remite a las dificultades por las que atravesaba la artista en la década de los 50 del siglo pasado, como detalla en su biografía Maruja Mallo. La gran transgresora del 27 José Luis Ferris, en el capítulo significativamente titulado Malos tiempos para una diosa. Su acercamiento al peronismo y distanciamiento del exilio español se traducen en una soledad que hace menguar sus exposiciones y obliga a buscar otras vías de subsistencia en quien vive de sus creaciones. Mallo colabora con diseños y obras con la destacada mueblería Casa Compte, expone en clubes deportivos y en vestíbulos de hotel, según Castro, una «vergüenza» que más tarde la artista trataría de borrar.

Mallo también buscó el apoyo del coleccionismo privado, como el de las hermanas Cao y su prima María Calzado Villamayor, amigas de Victoria Ocampo, valedora de la pintora en los inicios del exilio. «Muchas obras de esta familia pasarían a sus herederos, que las depositaron para su venta en las galerías Centoira y del Plata, donde han sido adquiridas por sus actuales propietarios en las dos últimas décadas», explica Castro en referencia a algunas de las piezas expuestas en Lalín.

Además, el comisario se apoya en el testimonio del pintor Laxeiro y su pareja, Lala de Prada, quienes afirmaban que Mallo «trabajaba de manera incansable», así como la investigación desarrollada por los historiadores Xosé Ramón Barreiro Fernández y Beatriz López Morán, avanzada en parte en el libro Maruja Mallo. Una memoria en construcción. «Un texto que sugiere, de manera contundente, que la producción artística en Argentina ha sido más prolífica de lo que algunos críticos quisieron darnos a entender», sostiene Castro. 

Cómputo de obras

El cómputo de obras atribuidas a Mallo es una de las discrepancias entre el comisario y los autores del catálogo razonado de la artista, que hasta ahora han contabilizado en torno a 150. Una cantidad que, según Castro, ya habría pintado en los años anteriores a la Guerra Civil. Solo entre 1922 y 1928 hay referencia de, al menos, setenta obras pintadas, de las que cuarenta serían óleos. «¿Quiere decir esto que en los 54 años restantes, hasta 1982, Maruja Mallo solo habría pintado sesenta óleos? ¿De qué vivió 28 años en Argentina?», se pregunta Castro. El comisario defiende que si la pintora vivió siempre de su trabajo, en los años en los que apenas pudo exponer su mercado se hallaba en el coleccionismo privado y en las piezas que hizo para Compte.

Antón Castro atribuye la carta enviada a la Academia de Belas Artes al intento de uno de sus firmantes, el galerista Guillermo de Osma, por controlar férreamente las obras de Mallo, lo que lo ha llevado a denunciar o a poner en cuestión todas las obras aparecidas en los últimos años. «Cuando acudió a la justicia perdió los juicios. Y los cuadros cuestionados por él fueron reconocidos como buenos», afirma Castro, que critica que el galerista haya creado un comité científico «donde no hay ningún especialista en su obra». Un mes antes de abrir la muestra en Lalín, las obras fueron enviadas a Vegap (Visual Entidad de Gestión de Artistas Plásticos) «para que se las pasasen a sus legítimos herederos y ellos juzgasen la autenticidad. No hubo respuesta». Precisamente, hacer frente a ese «monopolio» de De Osma -«desde hace años acosa y amenaza a los gallegos»- fue uno de los motivos de Castro para aceptar el proyecto de la exposición, por el que afirma no haber cobrado emolumentos.

La necesidad de un catálogo razonado

En cuanto a las obras de Seoane sobre las que se han expresado dudas, Antón Castro explica que proceden, en buena medida, de la compra directa a la viuda del pintor, Maruxa, y de las hermanas Cao, amigas también de Seoane, con quien llegaron a compartir lugar de veraneo, entre otros coleccionistas. En el caso de este artista, Castro sostiene que para certificar la autenticidad de sus obras es importante tener en cuenta también su reverso, donde se hallan firmas, sellos, dataciones o dedicaciones. Por eso critica que el informe de la fundación haya sido elaborado, según explica, a partir de reproducciones de los cuadros cuestionados, y no a través del contacto directo con las piezas. Como en el caso de Mallo, estas obras también se presentaron en Vegap y a la propia fundación, con un mes de antelación a la inauguración de la muestra en Lalín. La fundación no respondió por escrito, aunque su directora, Silvia Longueira, sí asistió al acto inaugural, según Castro. Sin embargo, fuentes próximas a la fundación sostienen que sí se vieron las obras originales para elaborar el informe y que buena parte de estas piezas ya se conocían antes de que se pusiese en marcha la exposición de Lalín.

El comisario sitúa el origen del conflicto en la negativa del vicepresidente del patronato de la fundación, Xosé Díaz, a analizar in situ las obras, «diciendo, a partir de las reproducciones enviadas, que muchas, sin decir cuáles, podían ser falsas», recuerda Castro. El comisario sostiene también que para elaborar su informe la fundación tampoco consultó la documentación y las facturas de compra de las obras.

Además de estos argumentos, Castro critica a la fundación por no haber «puesto en marcha» un catálogo razonado de Seoane, «dejando al artista a los pies de los caballos», y algo en lo que debería «tomar cartas» el Concello de A Coruña. Por su parte, la Marea Atlántica ha exigido a la alcaldesa, Inés Rey, explicaciones por «ocultar» el informe que cuestiona las obras y reclama una reunión urgente del patronato.

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