Luis García Jambrina: «Trato de que el lector haga el Camino a través del libro y luego peregrine»

El escritor ambienta su nueva novela en la ruta jacobea y homenajea a Elías Valiño

García Jambrina destaca que quiso ofrecer una visión «un poco inédita» de la ruta jacobea
García Jambrina destaca que quiso ofrecer una visión «un poco inédita» de la ruta jacobea

Santiago / la voz

Año 1525. El Camino de Santiago. A ese contexto traslada el escritor Luis García Jambrina (Zamora, 1960) su última novela, El manuscrito de barro (Espasa). Se trata de la quinta entrega de la serie protagonizada por Fernando de Rojas, autor de La Celestina, que en esta ocasión deberá desentrañar unas extrañas muertes.

-Del Nuevo Mundo en la cuarta entrega de la serie al Camino. ¿Por qué la elección de la ruta jacobea para la nueva trama?

-Es un espacio y un concepto que siempre me había atraído. Leyendo cosas sobre la época en la que vivió Rojas, vi que era un período muy interesante para el Camino de Santiago porque era un período de cierta decadencia. A mí esas épocas de decadencia siempre me atraen porque pasan muchas cosas. Me parecía un lugar muy apropiado para que ocurrieran una serie de crímenes -de hecho ocurrían, las muertes eran algo frecuente, y no digamos otros delitos y peligros-. El Camino es un concepto maravilloso, más allá de lo religioso y de lo espiritual, porque es algo que lo abarca todo; tiene que ver con la vida, con la economía, con la política, con la sociedad... Es el que anticipa la idea de una Europa más o menos unida, que es un tema tremendamente vigente. Es la incorporación del extremo Occidental a Europa; si no hubiera sido por el Camino, a lo mejor, la historia de España y de Galicia podría haber sido muy diferente. Todo eso es lo que me llevó a emprenderlo con los personajes.

-Une historia e intriga. Hay personajes reales como Juan Pardo de Tavera, Sancho de Ulloa, habla de los Irmandiños en Melide..., ¿hasta qué punto ve necesario incluirlos en la novela?

-Es una mezcla de novela histórica y novela de intriga, de aventuras. El trasfondo histórico para mí es muy importante. Es cierto que invento muchas cosas, pero siempre con una base histórica importante. Además, en este caso, es una novela itinerante, que va pasando por diferentes lugares, fundamentalmente de Galicia, y hay toda una serie de elementos que forman parte del escenario, del espacio y de la historia de esos lugares que yo quería ir enhebrando. Además, incorporo no solo datos históricos, sino lo que tiene que ver con leyendas, con la mitología de un lugar...

-Toma la guía Künig y hay un homenaje al sacerdote Elías Valiña, un impulsor de la ruta, en el personaje de Elías do Cebreiro.

-Todo investigador [Fernando de Rojas] necesita un ayudante, y en este caso, es un ayudante del principio al final de la novela, que es este clérigo archivero de la Catedral [Elías do Cebreiro]. Es un homenaje a Elías Valiña. Documentándome vi muchas cosas sobre su persona y quise meterlo a través de este personaje. Además, ya que Rojas y Elías do Cebreiro no pasaban por allí en la novela, quería que O Cebreiro y su famoso sacerdote estuviesen ahí.

-La novela transcurre a lo largo de la ruta, de Burgos hasta Fisterra. ¿Por qué este peregrinaje?

-Quería que esta novela mía, a diferencia de las otras, fuera itinerante, porque no se puede hablar del Camino y de la peregrinación sin que, de alguna manera, los personajes hagan ese camino. Lo que se muestra en la novela es el día a día, etapa a etapa, del Camino desde León a Fisterra.

-Refleja el Camino de hace cinco siglos, ¿hay muchas similitudes con la peregrinación actual?

-Las épocas son muy diferentes, pero sigue habiendo muchas similitudes. En el fondo, muchas de las motivaciones personales por los que se hacía el Camino siguen siendo las mismas, así como esa búsqueda de la aventura, de la transformación personal; uno emprende el Camino para conocerse y ponerse a prueba. Ha cambiado mucho la tecnología, pero lo verdaderamente sustancial y humano sigue siendo lo mismo. Hay una necesidad de salir del confort de uno mismo y enfrentarse a situaciones, y eso lo tiene como muy pocas vías de peregrinación el Camino de Santiago. Precisamente, en la novela trato de incentivar a muchos lectores a que primero lo hagan a través del libro y luego emprendan el Camino, peregrinen, por eso he intentando dar una visión un poco nueva e inédita, y mostrar esas vías alternativas que en determinados puntos del Camino Francés da el monje alemán Künig, sobre todo, una vez que se entra en Galicia.

 

«Uno de los objetivos de mis novelas es el de enseñar»

 

 

Jambrina inició con El manuscrito de piedra (2008) la serie dedicada a Fernando de Rojas. Algunas de las novelas, indica, son utilizadas en centros educativos y universidades.

-¿Se imaginaba que le iba a acompañar tanto tiempo Fernando de Rojas?

-No me imaginaba que iba a dar tanto de sí. Cuando empecé a escribir sobre Rojas iba a ser un relato breve, pero enseguida se convirtió en mi primera novela. Cuando ya iba por el último tercio empezaba a vislumbrar las posibilidades que tenía ese personaje, pero una cosa es imaginarlo y otra llevarlo a cabo. Ha dado para una tetralogía y ahora he comenzado lo que podía ser otra. Seguir a un personaje a lo largo de los años es una experiencia muy estimulante. Además, me ha dado continuidad como escritor y, casi, casi, como persona, porque muchas de las historias, lugares y personajes me interesaban previamente y ha sido la oportunidad de poder saber más de ellos. Entonces, ya forma un poco parte de mi vida y lo que desearía es mantenerme unido personaje algunos años más. Creo que estamos hablando de la época más importante de la Historia para eso que se llama España, para bien o para mal..

-¿Hasta qué punto ayudan estas novelas a conocer la Historia?

-Soy de los que piensan que la novela histórica tiene una función añadida, que es la didáctica -no me gusta la palabra-. Uno de los objetivos de mis novelas es el de enseñar. Hablo siempre de tres «e»: entretener -primero-, emocionar y, por último, enseñar. El problema es cómo hacer esto. Se trata de enlazar todos los elementos con la propia historia, con los personajes.., con lo que hay que dosificar bien esa parte histórica. Esta función de enseñar es añadida a la de entretener y emocionar, que es lo que debe buscar toda novela.

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